La noche del 26 de septiembre evitó más disparos contra Los Avispones

 

La noche del 26 de septiembre, Jorge León Sáenz encaró a un sicario que pretendía meterse al autobús que trasladaba al equipo de futbol Los Avispones de Chilpancingo. Evitó que matara más personas, pero 12 meses después, funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) lo tratan como un delincuente.

León Sáenz, de 39 años de edad se desempeña como auxiliar técnico del equipo de tercera división profesional, fue de los primeros integrantes del equipo que reaccionaron cuando fuera de control, el autobús se recargó pesadamente sobre el costado del carril norte-sur, en la carretera federal Iguala-Chilpancingo, a la altura del crucero de Santa Teresa.

En las primeras ráfagas del ataque cometido por sicarios de Guerreros Unidos, “jorgito”, como se le conoce en la colonia del PRI de Chilpancingo, recibió un impacto en el brazo izquierdo y un rozón en el ojo derecho.

No le informaron el calibre de las ojivas que lo impactaron, pero en la carretera se encontraron cascajos percutidos de R-15 y AK-47.

Eran aproximadamente las 23:30 horas de una noche lluviosa, con la vista limitada por el sangrado abundante del ojo, Jorge se aproximó a la puerta de entrada del autobús, luego de que uno de los pistoleros quebrara a culatazos los cristales e intentara meterse para completar la misión, matar a los ocupantes.

Dos semanas antes del hecho, Jorge sostuvo una plática con un vecino que es oficial de la Policía Federal (PF), este le aconsejó que en caso de estar en una situación de asalto siempre tratara de negociar.

-Si el ladrón te pide la cartera, sácala y pregunta si la quiere completa o solamente el dinero, pero muestra los billetes y ya tendrás una negociación. Si te pide una cadena o pulsera también pregunta si te la arrancas o te permite que le quites el seguro, así ya ganas tiempo. Le recomendó.

El tip lo aplicó en lo que reconoce como en el momento de mayor tensión que le ha tocado enfrentar.

Entre la oscuridad, la tensión y el chorro der sangre escurriendo sobre la mitad del rostro, Jorge recuerda que estuvo frente a un hombre de complexión atlética, que se resguardaba tras el cañón de un arma larga, enfundado en un chaleco táctico, pantalón de policía y botas.

-Abre hijo de la chingada. Exigió el agresor mientras amagaba con accionar nuevamente el arma.

– Sí, te voy a abrir, pero te aclaro que aquí vienen niños. Somos un equipo de futbol.

-¡Que abras hijo de la v..

Ya escuché que quieres entrar, pero te informo que aquí vienen niños y son más de 20. Dime un número y te paso los uniformes para que veas que no miento.

-¡Abre o disparo, cabrón!

No dispares; ya me diste dos balazos. Aquí hay gente herida y vienen muchos niños. Suplicó.

Desde el piso de la unidad, el chofer Víctor Manuel Lugo Ortíz, alias “El BárceL” observaba el dialogo, ya no podía moverse para ayudar.

El, dio indicaciones para que Jorge se instalara en el asiento del conductor e intentara mover la palanca de los controles, aunque al intentar abrir se percató de que las balas los habían destrozado.

“La palanca se me vino en las manos y pensé que entonces sí me iba a matar. Me giré hacia él y le dije que aunque quisiera ya no podía abrir la puerta, que ellos mismos le habían dado en la madre a los controles”.

Para entonces, otro agresor ya se había cerciorado de que en la unidad solo había deportistas y llamó al que encañonaba al auxiliar técnico, este se movió de la parte frontal lanzando una ráfaga al aire para obligarlo a tirarse al piso en posición fetal.

-Ya la cagamos, no son estos-, se gritaron los pistoleros entre sí para luego preguntar al líder lo que procedía.

-Hay que matarlos a todos, que no haya testigos. Fue la respuesta del jefe del comando, aunque solo disparó una ráfaga más y ordenó la retirada.

León Sáenz deduce que la orden de matarlos a todos la dio para amedrentar al equipo y forzarlos a quedarse dentro del autobús, para que no se les identificara.

Al paso del tiempo sostiene que las camionetas que conducían sí eran de la policía local, aunque reconoce que no miró logotipos ni números de serie. Sin embargo, algunos jugadores sostienen que sí eran elementos de seguridad y que portaban uniformes de la preventiva de Iguala.

 

Como delincuente

Derivado de las heridas en ojo y brazo, Jorge León debió ser operado hasta en dos ocasiones, la Secretaría de Desarrollo Social se comprometió a sufragar los gastos al cien porciento.

Como registró el alojamiento de una esquirla la retina se le desprendió, por eso los médicos utilizaron silicón para regresarla a su posición.

Funcionarios de la dependencia pretenden forzarlo a pagar una diferencia de 10 mil pesos, producto de la operación en el ojo y la compra de lentes especiales, le exigen una facturación excesiva y lo han calificado como un paciente “encajoso”.

Como tienen la dirección de su domicilio particular han llegado al extremo de hostigarlo frente a su familia.

Refiere que un tratamiento que estaba calculado en 150 mil pesos le generó un gasto superior a 160, él aportó la diferencia, sin embargo, ahora es la Sedesol local la que reclama una comprobación que considera fuera de lugar.

Dejar respuesta