Relato de un sobreviviente

Carlos será un nombre ficticio, lo utilizará un habitante de la Sierra del Filo Mayor para relatar algunos detalles sobre la confrontación armada más cruenta que se recuerda en Polixtepec, pueblo que una célula de Guerreros Unidos tomó como centro de operaciones, pero que desde la mañana del 6 de noviembre se convirtió en un estrecho campo de batalla.
Moreno, robusto y de aproximados 1.75 de estatura, el hombre utiliza un par de muletas para sostenerse en pie, frecuentemente el rostro se le descompone a consecuencia del dolor que le genera una herida de bala en la pierna izquierda.
Una ojiva de R-15 le atravesó la pierna, para su fortuna no tocó hueso, en el hospital general de Chilpancingo le pronosticaron una recuperación plena de por lo menos dos meses.

La incursión, a petición de la familia del comisario abatido

Carlos recuerda que el operativo del viernes 6 de noviembre se desarrolló aproximadamente a las 13:00 horas, a petición de las familias de Joaquín Romero Ríos y Víctor González Luna, el comisario y secretario que fueron acribillados dos días antes.
“Antes de entrar al pueblo, en una curva nos estaban esperando y nos emboscaron, nos dispararon con armas de diferente calibre, nosotros respondimos y logramos matarles a uno, entonces huyeron pudimos avanzar. En la entrada principal no estaban esperando otros dos en una camioneta BMW blindada”.
Continúa: “El blindaje de la camioneta era del bueno, no pudimos hacerle gran cosa, pero como ya estaban rodeados y no tenían para donde correr tuvieron que bajarse y alcanzaron a herir a varios, yo recibí un balazo de R-15 en la pierna”.
En una curva, 15 metros al frente de la casa del comisario abatido cayeron los dos presuntos pistoleros de los hermanos Efraín y Angel Villalobos, tenían fornituras de policía, portaban armas largas y cortas.
En la escena del segundo enfrentamiento aún se observan cascajos de R-15. AK-47 y escopetas de diferente calibre.
“Los abatimos y avanzamos hacia la casa principal, que es donde nos dijeron que estaban los Villalobos, es una construcción de tres pisos rodeada con paredes de más de diez metros de alto, sus ladrillos están pintados en color rojo con rayas blancas, sus portones reforzados no los pudimos tumbar, debimos violar las chapas para poder entrar”.
Al cruzar la puerta principal encontraron una cochera con ocho unidades de lujo, entre ellas un Minicooper de modelo reciente, una camioneta Mercedes Benz y una Suburban.
El resto de la célula no hizo frente, se retiró del lugar y de acuerdo a los integrantes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), permanecen refugiados en Ojo de Agua.
“Por lo que encontramos, podemos ver que tenían un estilo de vida muy bueno. Diferente al que tenemos la gran mayoría de los habitantes de estos pueblos, hay que ver nada más sus carros, cuando lo que se utiliza son camionetas Nissan de trabajo y dobles rodada, para cuando la capacidad de carga y los caminos de terracería lo exigen”.
En la mayor parte de la casa grande los pisos son de mármol, en la base de una figura de San Gabriel Arcangel descubrieron un depósito para esconder armas, cartuchos y droga ya procesada, lista para comercializarse.
En una de las habitaciones, encerrados con llave ubicaron a una mujer con dos niños de 7 y 12 años de edad, dijeron que estaban secuestrados y les pidieron ayuda para regresar con sus familias.
En el depósito ubicado en la imagen del arcángel había 2 rifles R-15, un AK.47 y un calibre 50, de los que se utilizan para perforar cualquier tipo de blindaje.
Había también muchos recipientes con químicos para procesar droga.
En las partes altas de la residencia se observaron luminarias de largo alcance, estas señalaban hacia los cerros y la entrada del pueblo, para evitar cualquier ataque sorpresa durante las noches.
Carlos es originario de la Sierra, recientemente se incorporó a la UPOEG, explica que fueron cien los comunitarios que participaron en la toma de Polixtepec, la mayoría utilizó escopetas y rifles calibre 22.

Tienen sicarios a la fuerza

Entre las razones por las que los hombres de los Villalobos se retiraron sin ofrecer más pelea, dijo que está el hecho de que no todos están de su lado por gusto.
“Sabemos que hay gente que tienen a la fuerza, los tienen amenazados y les dicen que si no trabajan para ellos matarán a sus familias”.
Asume que sintió mucha impotencia durante la confrontación del 12 de noviembre en Ojo de Agua, pues debido a la herida no pudo acudir a respaldar a sus compañeros, cuando fueron desarmados por personal militar y emboscados por pistoleros de los Villalobos, que ahora trabajan para Guerreros Unidos.
Ojo de Agua se ubica a cinco minutos de Polixtepec, para llegar se recorre un camino de terracería, Carlos asegura que desde ahí se mantienen las operaciones de los Villalobos, por eso pudieron regresar la noche del domingo 22 para matar a cuatro personas, dos varones y dos mujeres.
Por eso asume: “Mientras no se les detenga y remita ante las autoridades, existe el riesgo de que sigan matando gente, principalmente inocentes”.
La influencia de los expulsados de Polixtepec se extiende hacia Villa Xóchilt, Tecomazuchil, La Villa y El Naranjo.

En esas zonas, reconoce que hay la posibilidad de más brotes de violencia, por esa razón insiste en la necesidad de que la federación suba para tomar el control de los caminos, ubique a las células delictivas y procure su desarticulación.

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