* El menor de 14 años salió para hacer una tarea, un grupo de hombres armados lo asesinó    
 

Alondra García Lucatero

El sábado 4 de marzo, Christian Peralta salió de su casa para hacer la tarea. Nadie imaginó que regresaría muerto, con una bala incrustada en el cráneo.

Tenía 14 años y cursaba segundo grado en la secundaria Benito Juárez, en el centro de la ciudad de Chilapa.

Era un buen niño, según recuerdan sus familiares, amigos y conocidos. Era un niño inocente.

El sábado salió de su casa al mediodía para reunirse con unos compañeros de la escuela, con quienes haría una tarea. Después pasaría a ver a su novia y regresaría a casa para el atardecer.

Sin embargo, en algún momento de la tarde, un taxi con vidrios polarizados se detuvo junto a él, cuando caminaba por la calle.

En cuestión de segundos, unos hombres bajaron del taxi, sometieron a Christian y se lo llevaron por la fuerza.

Era un niño. No tenía fuerzas suficientes para forcejear con los hombres armados. Era un niño y en esos pocos segundos no alcanzó a entender lo que pasaba.

El hecho ocurrió de día y cerca del centro. Hubo testigos.

Alguien llamó por teléfono a la casa de Christian y les informó a sus padres lo que había ocurrido.

Después de eso, sólo hubo incertidumbre.

Anocheció y amaneció. Llegó el domingo. Nadie pidió rescate. Nadie sabía nada.

Transcurrieron las horas, anocheció otra vez. Incertidumbre.

Lunes 06 de marzo, 10 de la mañana, colonia Panorámica al oriente de Chilpancingo. “Un hombre ejecutado y otro herido fueron encontrados hace unos momentos. Se desconoce su identidad”, anunciaron los medios de comunicación a través de las redes sociales.

Ahí estaba Christian, con el cuerpo maltratado, semidesnudo, con un balazo en la cabeza, moribundo a sus 14 años.

A un par de metros estaba otro joven. A él también le atravesaron la cabeza con una bala y murió al instante.

Christian se aferró a la vida y contra todo pronóstico, aún respiraba.

Le brindaron los primeros auxilios, lo subieron a una ambulancia y lo trasladaron al Hospital General de Chilpancingo.

Agonizó tres días, pero la vida se le fue el miércoles 08 de marzo. Su cuerpecito de niño tuvo que padecer el martirio de la necropsia.

Ayer lo enterraron.

Sus compañeros de escuela estuvieron con él, rodeando el ataúd de madera que contenía su cuerpo. También estuvieron sus maestros.  

“Fue un día de tristeza, de lágrimas, de dolor”, expresó José Díaz Navarro, líder del colectivo Siempre Vivos, una organización dedicada a la búsqueda de personas desaparecidas por la delincuencia en el municipio de Chilapa.

Hubo globos azules, muchos, que flotaron desde el ataúd hasta perderse en el azul del cielo. Era un niño y le gustaban los globos.

También le gustaba el futbol, jugaba en un equipo con sus amiguitos y admiraba a Cristiano Ronaldo.

Hace un año tuvo su primera novia, pero la relación fracasó, así como todos los primeros amores, los amores infantiles, están destinados a fracasar.

Y como todo niño, se volvió a enamorar. A veces escribía “te quiero” en las fotos de ella. Ella escribía lo mismo y le dejaba corazoncitos en las fotos que subía él a Facebook.

También se tomaron un par de fotos tomados de las manos, con el amor inocente que tienen los niños.

“Quiero volar contigo muy alto en un lugar, quisiera estar contigo viendo las estrellas”, escribió él en su descripción de Facebook. Ayer, su alma voló hacia las estrellas.

Cuando llevaban a enterrar su cuerpo, la gente estaba en silencio. De repente, se oía algún comentario bajito, para no romper la solemnidad del duelo: “¿Por qué él?, ¿quién sigue?, ¿quién de nosotros será el próximo?”

“Aquí en Chilapa, los delincuentes se llevan a cualquiera, no importa si es un niño, no importa si es inocente”, afirmó el activista José Díaz Navarro durante una entrevista posterior.

La carroza de Christian tuvo que moverse rápido del panteón porque minutos después llegarían otros cuatro cuerpos. “Aquí está muy tensa la situación”, advirtió el líder del colectivo Siempre Vivos.

 

“Fueron Los Ardillos”

Para la Fiscalía General del Estado, el crimen es claro: “Fueron Los Ardillos”, ese grupo criminal que se disputa el control de la producción y venta de droga con el cártel de Los Rojos.

Pero el asesinato de Christian no es el primero. De acuerdo con Díaz Navarro, por lo menos 10 niños de entre 13 y 15 años han sido asesinados en Chilapa por los grupos criminales. Y la tendencia va en ascenso.

Uno de los casos que causó mayor conmoción ocurrió en noviembre de 2015. Una mujer fue asesinada a balazos en un camino de terracería de la comunidad rural de Tetitlán de Las Limas. En sus brazos quedaron los cuerpos ensangrentados de su bebé de un año y su hija de siete.

En Chilapa, los niños también tienen miedo. De acuerdo con Díaz Navarro, los levantones y ejecuciones son el tema de conversación durante el recreo.

Los niños, dijo, se han impuesto una especie de toque de queda para no asomarse fuera de sus casas cuando comienza a atardecer.

“Los papás de muchos están muertos, o sus tíos, o algún familiar. Por eso, los niños platican y se dicen en el recreo: ‘hoy se va a poner feo, no salgas por la tarde’. Ese es el tema de conversación que tienen todos los días”, comentó el activista.

Aunque la violencia sube un escalón cada día, la estrategia de seguridad es la misma: filtros policiaco/militares en los accesos a la ciudad.

“No hay reforzamiento de la seguridad aunque nos están exterminando, nos están matando. La estrategia es la misma, su filtro, no se mueven de ahí, ni el delincuente más estúpido del mundo se va a ir a entregar al filtro del Ejército”, criticó Díaz Navarro.

 Y así, en Chilapa, los asesinan aunque sean niños.  

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