La mayoría son madres solteras

Un grupo de 30 mujeres policías, la mayoría madres solteras, solicitaron a la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) que rectifique en su determinación de cesarlas definitivamente, pues ellas representan el único ingreso para sus hijos, y en algunos casos también mantienen a sus padres, que son adultos mayores.

En el proceso de conciliación que comenzó la mañana del jueves 1 de junio, un grupo aproximado de 30 mujeres policías que están en la relación de 176 despedidos, dijeron a diferentes medios de comunicación que ante la determinación del despido, sus familias enfrentan el riesgo de quedar completamente en el desamparo.

Por esa razón, solicitaron al titular de la SSP, Pedro Almazán Cervantes y al gobernador Héctor Astudillo Flores, que haya una consideración para ellas, ya que sostienen que nunca tuvieron la intención de cometer una falta mayor, por el contrario, se sumaron a una causa que consideraron justa.

-Nosotras somos el sustento de la familia y desgraciadamente no tenemos a nadie más que nos respalde; si el gobierno nos da la espalda ¿qué podemos esperar de los demás? Manifestó una de las afectadas, en una una entrevista otorgada en las inmediaciones del auditorio Sentimientos de la Nación.

Temor al desamparo

Rostros quemados por la constante exposición al sol.

Miradas cansadas por la incertidumbre que genera los sucedido durante los últimos cuatro días.

Voces titubeantes por el peso de reflexionar en las implicaciones que tienen las decisiones de sus altos mandos, son lo que prevalece en el dialogo que se desarrolla entre comunicadores y las mujeres que para este 1 de junio, ya se mostraron sin el uniforme de la corporación a la que pertenecieron hasta la tarde del miércoles 31 de mayo.

-Queremos la reinstalación, no buscamos otra salida porque de nosotras dependen familias completas, ahorita ya estamos pensando en qué vamos a hacer, ¿en qué vamos a trabajar si se cumple la sentencia del despido? Revienta la primera que se anima a romper el silencio.  

 “Yo soy mamá soltera, tengo tres niños que solo dependen de mi, dos estudian la primaria y uno la secundaria, también estoy a cargo de mis padres que son personas ya mayores. Lo único que pido al gobierno es que nos considere, nosotros hemos sido leales en momentos de mucha tensión y nos hemos jugado la vida por proteger a la sociedad”, asegura.

Otra relata que mantenerse dentro de la corporación le costó la culminación de su vida en matrimonio, el ex esposo no toleró las largas ausencias porque la pareja debía someterse a constantes encuartelamientos, o en varias ocasiones desplazarse hacia diferentes regiones.

El rompimiento de esa relación, para la ex policía que al igual que sus compañera pide el beneficio del anonimato, la separación del marido también generó el incumplimiento de responsabilidades, como una forma de reprimirla por negarse a dejar dicho trabajo.

Ella plantea un llamado al jefe del Ejecutivo local en los siguientes términos: “Nosotros fuimos sus policías, en todo momento lo apoyamos, en muchas regiones hemos ido a defender sus decisiones; como la Costa Grande, Tierra Caliente, Tierra Colorada y no es posible que ahora, por manifestarnos nos quiten el trabajo”.

Siempre jalamos parejo

En el quehacer cotidiano de los policías, relataron que no existe una diferenciación entre hombres y mujeres, todos realizan las mismas tareas cuando se está en operativo.

“Yo desde que entre soy operativa y estamos impuestas a irnos para la Sierra o la Costa; son situaciones precarias las que uno vive, pero al fin y al cabo nosotros lo aceptamos porque esa es nuestra vocación”; refiere otra de las participantes.

Además de la revisión a la jornada laboral de 144 horas -que es el equivalente a seis días y seis noches de trabajo continuo-, los paristas demandaban que se considerara la posibilidad de que se les asignaran patrullas funcionales, además de uniformes dignos porque los últimos que recibieron se despintaron a la segunda lavada.

También pedían cartuchos suficientes y beneficios que se les han ido rediciendo en los últimos años.

“Solo queríamos mejores condiciones de trabajo y eso no está fuera de lo normal, es solo un derecho”, comenta una de las policías despedidas, que relata que en su momento estuvo presente en el seguimiento a las protestas de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, tras los hechos del 26 de septiembre de 2014, en Iguala de la Independencia.

Fueron meses intensos, en los que se registró el robo de vehículos de dependencias gubernamentales, la quema de edificios públicos y las agresiones directas contra las corporaciones policíacas, incluso contra instalaciones militares.

Recordaron que varias mujeres fueron alcanzadas por las piedras y petardos que normalistas, maestros disidentes y padres de los 43 estudiantes desaparecidos lanzaron durante un intento de ingresar a las instalaciones del 27 Batallón del Ejército Mexicano, en Iguala de la Independencia.

En la toma de San Miguel Totolapan, el 12 de mayo pasado también hubo mujeres, cuando se puso en marcha la operación “Relámpago”, con la que se intentó detener a los principales líderes del crimen organizado en la Tierra Caliente.

“Nosotros los de la policía del estado siempre estamos adelante, la verdad estamos orgullosas porque ese es nuestro trabajo y no queremos perderlo; el ser mujer no evitó que también se nos colocara al frente del contingente”, aseveró la participante en la entrevista.

Otra voz anónima reconoce que nunca se imaginó que el movimiento del lunes llegaría al escenario del despido, creyó que habría siempre un espacio para la conciliación y que por lo menos tendrían logros mínimos en su reclamo.

Con temor asume que ahora está en riesgo de perder su única fuente de ingresos, pero también defiende la causa por la que decidió dar el respaldo a sus compañeros:

“Teníamos que fomentar el espíritu del compañerismo; porque si ahorita no nos apoyábamos ¿qué podríamos hacer cuando estuviéramos en una emboscada o en una agresión? Nosotros debemos estar juntos en las buenas y en las malas. Ahora ésta es la consecuencia y hay que tratar de buscar una solución adecuada, porque no cometimos ningún delito”, asume la mujer policía.

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