Sobre la violencia y sus profundas raíces.

Maximiliano E. Korstanje, de la Universidad de Palermo, Argentina, ha trabajado seis Reflexiones Marginales en respuesta a S. Zizek*. De su trabajo, extraje algunos elementos de reflexión sobre la violencia.

En general, la violencia parece estar asociada a la agresividad, pero cuando uno examina con paciencia y exhaustividad este tema se da cuenta que no son lo mismo.

La cultura burguesa se caracteriza por un exceso de instrumentalismo que suspende el orden moral. El egoísmo y el cinismo son dos elementos claves para comprender la falta de compromiso de las masas en las sociedades industriales. Zizek considera que los empresarios capitalistas encerrados en la virtualidad de su lujo apelan constantemente a las infamias de este mundo como pueden ser la pobreza, la calamidad, el hambre etc. No obstante, dentro de sus intereses no se encuentra la verdadera asistencia sino la sumisión (Fernández-Montt y Korstanje, 2010). Una empresa moderna que pone un cartel aduciendo que con cada compra uno ayuda a combatir el hambre en Tanzania, parece no estar interesada en el hambre en sí, sino en incrementar sus ganancias. En parte, uno debería cuestionarse ¿Cuán ético es el capitalismo? Después de todo, parece haber cierto cinismo en la caridad moderna.

¿Qué hace al régimen nacional-socialista menos monstruoso que el estadounidense?. Los actos de tortura y violencia de los cuales a diario somos testigos son neutralizados, suspendidos por medio de una “denegación fetichista”, la cual hace referencia a la no asunción completa de las consecuencias de mis actos, “lo sé, pero no quiero saber que lo sé, entonces no lo sé”. Esta indiferencia universalizada al dolor humano del-otro se explica por medio de la imposición cristiana de la fe, según Zizek.

He aquí, si se quiere la parte más polémica de la tesis zizekiana. La violencia humana nace del propio lenguaje. Entiende nuestro filósofo lituano que, a diferencia del animal el cual puede ejercer la agresividad cuando captura y devora a su presa, el hombre es el único capaz de ejercer violencia. Define la violencia como todo acto de visión por el cual el hombre expande sus límites naturales, queriendo cada vez más. Se corresponde con el principio de eternidad (que proponen las religiones y sobre todo el cristianismo).

La vida natural puede ser todo lo terrible que no queremos a nuestros ojos, pero tiende o se resiste a morir. La muerte es condición básica de toda existencia como bien ha argumentado Heidegger: el da-sein nace de la muerte y ésta determina todos sus comportamientos. Nuestra época se caracteriza por un terror insondable a perder la vida, precisamente porque se ha desdibujado la noción de eternidad.

El hombre no juega a ser Dios, el hombre quiere ocupar su lugar como un ente administrador privilegiado del orden universal. Sólo que, en ese intento trivializa e ignora el importante papel que tienen la finitud y la ignorancia en la percepción del mundo. Si viéramos el mundo tal cual es en su frialdad, crueldad e impersonalidad, correríamos aterrorizados a encerrarnos en una cama despresurizada. El exceso de conocimiento e información a las cuales están sometidas las audiencias, como así también el acortamiento de las distancias de “ese-otro-no-deseado” convergen en una situación de insoportable angustia. Uno de los mecanismos psicológicos los cuales permiten sobrellevar ese sentimiento de inseguridad, es la articulación de un discurso homogéneo acerca de nuestra propia exclusividad.

El héroe es único, extraordinario, admirable. El mundo postmoderno, en consecuencia, se constituye por una concatenación de heroicidad y narcisismo vinculados a la negación del otro.

Los racistas “blancos” en Estados Unidos han declarado históricamente la inferioridad de los “negros” como discurso legitimador de sus propias prácticas de exclusión. Este acto indudable de violencia, fue en parte intelectualizado, elaborado y encarnado por ciertos sectores “negros” que aceptaron pasivamente tal supuesto. Para los “blancos” y para los “negros” los criterios de superioridad e inferioridad fijados por quienes tenían el poder era real en términos prácticos, en los hechos y al creerse inferiores los “negros” se comportaban en forma subordinada al poder “blanco”. Es en parte cierto, que el lenguaje funciona como un separador entre él y yo y el prójimo. Como un verdadero abismo del cual se crea el discurso,

Si el intelectual basa sus observaciones en un supuesto de objetividad, el pseudo-intelectual busca confrontar para que su verdad sea la única condición posible. Para ello vinculan personas por sus características o perfiles en vez de debatir y criticar sus ideas. Por ejemplo, buscan hechos conspirativos que vinculen a varios de sus detractores con el fin de reforzar sus propias ideas. En razón de tal acto, ellos consideran que las personas son más importantes que sus ideas.

Veamos el siguiente ejemplo, es como si en un Congreso de filosofía alguien objetara una tesis de algún profesor sobre Hegel aduciendo que esa persona tiene problemas con la bebida. Ello conlleva a pensar que, si el intelectual sólo se dirime en el mundo de las ideas confrontando y batallando con otros intelectuales por sus ideas, el pseudo-intelectual batalla con las personas para imponer sus ideas. En consecuencia, nunca asume su propia culpa por el destino. Éste se presenta como ajeno a su responsabilidad, como impuesto por una oligarquía siempre corrupta que ha perjudicado a la historia del país.

El pseudo-intelectual puede tomar diferentes formas, la de un político, un empresario, un periodista o incluso un religioso. Como explicara Zizek en su trabajo sobre la violencia, el mensaje es claro a grandes rasgos, “la lucha es incesante contra enemigos ocultos y poderosos quienes en complicidad con imperios extranjeros se han adueñado de la opinión pública, han vendido el patrimonio nacional, la pureza de nuestras mujeres, el futuro de nuestros hijos”. Los pseudo-intelectuales no entienden de negociación, como tampoco de puntos intermedios; para ellos, las cuestiones políticas son “todo o nada”, la gloria o la destrucción total. Hace muchos años, pregunté a uno de mis maestros ¿cómo darme cuenta si estoy frente a una dictadura?, El (pacientemente) me respondió, cuando veas a un grupo acusar con el dedo a otro, enjuiciarlos y condenarlos a todos sin excepción, estarás en presencia de un gobierno autoritario.

Los derechos humanos pueden ser una formidable arma política de miedo y adoctrinamiento interno. Zizek no se equivoca cuando sugiere que una de las cuestiones más paradójicas de la historia, es ver como las víctimas se transforman en victimarios. Precisamente, en el odio de todo lo que el enemigo representa, implícitamente terminan reforzando su espíritu. Casi en forma idéntica a una posesión. El espíritu del victimario pasa de dominador a dominado con facilidad. Si bien cambian los actores, en el fondo, el problema parece ser el mismo.

¿Después de todo, los grandes dictadores no han servido al poder denunciando aquellos que estaba mal en su época sino también pregonando la unidad y la paz (algunos de ellos por vía democrática)? Como denunciara hace años A. Schopenhauer, el político tiene cierta propensión a manipular los frutos de la sapiencia a su favor, y en efecto, el intelectual muestra también cierta tendencia a verse fascinado por el poder. En este sentido, las contribuciones de Slavoj Zizek en el estudio de estos tipos implícitos y solapados de violencia se hacen más que importantes, aún con sus limitaciones se hacen imprescindibles para todo aquel intelectual que se pueda preciar de ser independiente al poder político.

Si partimos del supuesto que el cristianismo es una religión que hermana a todos los hombres, entonces aquellos hombres no hermanados por el cristianismo pueden no ser considerados hombres. Si, por otro lado, el cristianismo como movimiento religioso se jacta de quebrar el etnocentrismo judío “al considerarse el pueblo elegido” y abrazar a toda la humanidad, el acto inverso implicaría que quienes nieguen a Cristo pueden ser denominados sub o no-humanos con toda tranquilidad. Siguiendo el desarrollo de Zizek podríamos, entonces, confirmar que “toda universalidad es estrictamente incompatible con la construcción del prójimo”. En este sentido, el mandamiento cristiano “ama a tu prójimo como a ti mismo”, se transforma en “teme a tu prójimo como a ti mismo”.

Fuente consultada: https://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/30/maxkorstanje_2.pdf

*Slavoj Žižek (Liubliana, 21 de marzo de 1949) es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno. Su obra integra el pensamiento de Jacques Lacan con el materialismo dialéctico marxista y en ella destaca una tendencia a ejemplificar la teoría con la cultura popular.

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