La nueva droga desplaza a la heroína en el mercado negro de norteamérica   

Le dicen El Diablo y este año podría hundir en la miseria a mil 287 comunidades de la Sierra de Guerrero.

Nadie en la Sierra lo ha visto, pero su existencia se percibe más fuerte que nunca. La desesperación crece por su culpa. La miseria se acentúa.

El Fentanylo, mejor conocido como El Diablo, es la droga sintética más mortífera que existe y está dejando sin trabajo a los productores de amapola de la Sierra de Guerrero.

Amapoleros por tradición 

Según el último censo, en esta región viven más de 146 mil personas, distribuidas en mil 287 comunidades de 14 municipios. 

El 95 por ciento de la población estaría dedicada al cultivo de amapola, de acuerdo con Rigoberto Acosta González, dirigente del Consejo Regional de la Sierra de Guerrero y ex titular de la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder), ahora llamada Sagadegro.

La siembra de amapola, según cuentan los propios productores, comenzó a finales de los años 60’s. 

Hasta las comunidades de esta región marginada llegaron hombres provenientes de Sinaloa quienes les ofrecieron semillas, capacitación en el cultivo y el compromiso de comprar toda la goma que extrajeran de estas flores ilegales, la cual sirve como base para la fabricación de heroína. 

58 años después, la producción de goma de opio es la actividad económica principal que alimenta a las familias de la Sierra. 

«Al día de hoy, el cultivo de enervantes es un tema cultural, porque hay por lo menos seis generaciones que se han sostenido de esa actividad», explica Acosta González en una extensa entrevista.

Por eso, en la Sierra le tienen miedo a El Diablo, la droga sintética que le ha ganado terreno al negocio de la heroína. 

De acuerdo con Acosta González, cada año se cultivan cerca de 24 mil hectáreas de amapola en la región. Dependiendo de la zona y de las condiciones climatológicas, cada hectárea puede producir de 200 gramos hasta varios kilos de goma de opio.

En algunas áreas se realizan dos cosechas por año, pero hay zonas que tienen rendimiento de hasta tres o cuatro cortes, explica.

En la calculadora de su celular, Rigoberto Acosta se apresura a sacar las cuentas de la producción del año pasado, teniendo como hipótesis el rendimiento mínimo.

Si se obtuvieron 250 gramos de goma de opio en cada una de las 24 mil hectáreas que se destinan a la siembra de amapola en la región, la producción habría sido de 6 mil kilogramos en un primer corte. 

Si en la segunda cosecha los campesinos obtuvieron la misma cantidad de goma, entonces la producción total habría sido de 12 mil kilos durante el año pasado.

En 2017, los cárteles de la droga pagaron en 33 mil pesos el kilo de goma de opio, lo que se tradujo en una derrama económica de 396 millones de pesos para la gente de la Sierra.

Este año, la heroína dejó de ser un producto redituable. 

El viernes 23 de marzo, el kilo de goma de opio se cotizó en apenas 8 mil pesos, lo que representa un decremento de 25 mil pesos en su valor en comparación con el año pasado.

Pero no sólo cayó el precio del producto. Los compradores de la goma también disminuyeron.

«Es terrible. Es una caída estrepitosa», expresa Acosta González con un tono serio, preocupado. «Sin duda es un golpe durísimo a las familias de la Sierra que viven, que se sostienen de esta actividad».

Y la culpa, señala el dirigente social, es de El Diablo. 

Fentanylo… El Diablo

Estados Unidos, el principal mercado para la droga que se produce en Guerrero, dejó de consumir heroína. La moda ahora se llama Fentanylo y en el bajo mundo se le conoce como El Diablo, La píldora del demonio y La muerte gris.

Se trata del narcótico más potente disponible para uso médico. Los doctores lo prescriben como analgésico y anestésico a pacientes con dolor crónico debido a cáncer o Sida terminal y es altamente adictivo.

El Fentanylo es 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más potente que la morfina. También resulta mucho más barata y adictiva y por ello, los consumidores la prefieren a pesar del riesgo mortal que representa su consumo. 

«En EE.UU. cada año mueren 28 mil personas por el abuso de estos medicamentos, equivale 551 por semana, 79 por día y 3 personas por hora», declaró el doctor Elmer Huerta en Hablemos de Salud de RPP Noticias, en una entrevista publicada en junio de 2016.

En su versión más pura en polvo, el equivalente a un grano de sal basta para generar las sensaciones de euforia y relajo que provoca la heroína, y sólo dos granos pueden ser suficientes para detener la respiración de un adulto y matarlo en cinco o 10 minutos. 

La violencia que viene

Marginados en una región que carece de la infraestructura mínima y sin una fuente de ingresos que garantice la subsistencia de las familias, los pobladores de la Sierra tendrán que buscar alternativas.

El dirigente de la zona, Rigoberto Acosta González, advierte el peor de los escenarios: el ingreso de jóvenes y adultos a las filas del crimen organizado para realizar actividades de robo, extorsión y sicariato. 

En consecuencia, una escalada de violencia en todo Guerrero. 

«Mucha gente en la Sierra se quedará o ya está sin la posibilidad de traer dinero que le permita sobrevivir, que le permita resolver sus necesidades fundamentales y evidentemente esto los hace presa fácil para que, en su desesperación por ganarse un peso, muchos se enrolen en grupos delincuenciales que se dediquen a cualquier otra cosa, menos al narcotrafico y que están generando ya los niveles de violencia que podemos ver todos los días», expone.

Esta violencia, dice, ya se percibe en las regiones Costa Grande y Tierra Caliente. Y aunque los medios de comunicación dan cuenta de ello todos los días, señala que hay situaciones graves que no se conocen porque no se denuncian y en consecuencia, no se publican. 

El dirigente del Cresig y ex secretario de Desarrollo Rural advierte que hay un incremento significativo en las extorsiones y que en las zonas serranas de los municipios de Coyuca de Catalán, Zihuatanejo, Coahuayutla y San Miguel Totolapan escaló de manera alarmante el delito de abigeato o robo de ganado. 

«Se están robando ranchos completos. Hay ranchos abandonados y comunidades también», comenta. «Es un tema difícil y lo digo con la confianza hacia ustedes, no fácilmente se atreve uno a hablar de estas cosas. Si me preguntan si tengo miedo, sí, sí tengo miedo, pero también alguien tiene que alzar la voz y ojalá alguna autoridad escuche y pueda hacer algo», explica el también catedrático universitario. 

Y aunque reconoce que es fácil «satanizar» a los habitantes de la Sierra, Acosta González señala que primero es necesario que la gente de las ciudades entienda «la realidad que se vive en la región».

Puntualiza que más del 32 por ciento de los serranos son analfabetas y carecen de acceso a derechos básicos como salud, educación y vivienda. Tampoco cuentan con vías de comunicación, agua potable ni electrificación.

Estas condiciones de vida, dice, los orillan a convertirse en «esclavos del narcotráfico. 

«A veces es muy fácil satanizar a la gente de la sierra sin conocer su realidad», lamenta. 

Y aunque los pobladores se han organizado para impulsar cultivos lícitos como el aguacate, la tilapia, diversos frutales, maguey-mezcal y ganadería en menor escala, la falta de caminos y de impulso gubernamental han dificultado el progreso de estos proyectos.

El ejemplo más reciente fue la volcadura de un trailer con 15 toneladas de aguacate ocurrida el viernes 23 de marzo. El vehículo transportados cayó a un barranco en una curva del complicado camino de terracería.

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