De Guerrero, joven sobreviviente a violencia feminicida

Me intentaron violar y matar por ser mujer”: Irlanda Nava

Irlanda Nava Castrejón sobrevivió a la violencia machista. Un hombre trató de violarla y asesinarla. Ella se defendió y, aunque malherida, huyó de su agresor. Su caso evidenció que Puebla no es tan seguro como se piensa, al menos no para las mujeres.

La joven es hija de Saúl Nava Astudillo, candidato del PRI a la presidencia municipal de Tixtla. Hace tres años se mudó a la capital poblana para estudiar en la Universidad Iberoamericana. A un año de graduarse, ya no está segura de volver a la escuela.

El martes 13 de marzo, Irlanda salió caminando de su departamento. Pasaría por su amiga Yamel para ir a los tacos. En el trayecto, un hombre la agarró por la fuerza, la arrastró hasta un terreno baldío y trató de violarla.

Ella luchó, se resistió, gritó e hizo todo lo humanamente posible para evitar el abuso.
 
“Pelee con todas mis fuerzas con ese perro (…). Ese maldito hijo de puta me golpeó muy fuerte en la cara con un ladrillo y muchas veces en la cabeza, abriéndomela. Luché con todas mis fuerzas para poder quitármelo de encima. Lo golpeaba en la cara, lo mordía, le pegaba en sus huevos para que me dejara en paz. Afortunadamente lo hizo y salí corriendo lo más rápido que pude, toda ensangrentada, pidiendo ayuda”, relató Irlanda en su cuenta de Facebook.
 
La joven se arrastró hasta llegar a la casa de su amiga Yamel. Tocó a la puerta y ella salió sin pensar que encontraría esa escena.
 
Yamel y su hermana llevaron a Irlanda de urgencia al hospital, mientras la sangre manaba a borbotones de la herida en su cabeza y el cabello se le desprendía a mechones. El vómito era incontenible.

“Mi amiga vomitaba camino al hospital y yo no sabía qué era más importante, si llamar a su familia y tratar de no asustarlos, o sostener su cabeza y una toalla a las carreras para el vómito. Llamando al mil para comunicarme y llenando mil papeles en el hospital, el celular que no dejaba de sonar (por llamadas) de su familia y enfermeras y doctores preguntándome cosas que ni idea cómo saberlas. Han sido las horas más angustiantes de mi vida”, narró Yamel en su cuenta de Facebook.

Irlanda sobrevivió. Sin embargo, su vida no es la misma. A un año de graduarse, ya no quiere volver a la universidad.

“Mi hermosa amiga ya ni siquiera quiere terminar su semestre. Sólo quiere irse de puebla y no saber más”, contó Yamel.

Después, la propia Irlanda lo confirmó: “Ya no quiero regresar a la escuela, pero no puedo dejar caer la toalla a un año de graduarme”.

El caso de Irlanda Nava Castrejón no es el único. Puebla, una entidad vista por la sociedad como una de los más seguros, no lo es. De acuerdo con el rector de la Universidad Iberoamericana, “no hay garantías para una mujer en el estado; a cualquier hora, en cualquier momento, en cualquier lugar, puede venir una agresión”.

La agresión que sufrió la joven originaria de Tixtla dio inicio a un movimiento universitario que exige un alto a la violencia machista y a los feminicidios.

De acuerdo con el Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos (Odesyr), Puebla registra un incremento importante de feminicidios cada año.

El Odesyr documentó 50 feminicidios en 2013; para 2014 incrementaron a 60; en 2015 registraron 50; para 2016 la cifra subió a 82.

Pero en 2017 se alcanzó un nuevo record histórico: 102 mujeres asesinadas en la entidad.

2018 pinta para peor. Tan sólo en el mes de enero se documentaron 13 feminicidios en Puebla, de los cuales 11 fueron mayores de edad y dos fueron niñas.

Según las cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), durante 2017 se denunció la desaparición de una mujer en el estado cada 19 horas.

La cifra va en aumento. Entre 2012 y 2016 las denuncias registradas por el RNPED crecieron 2,230%, al pasar de 12 a 280 casos.

“El martes me intentaron violar y matar por ser mujer (…). Basta ya de minutos de miedo, de humillación, de dolor, de silencio. Tenemos derecho a que todos los minutos sean de libertad, de felicidad, de amor, de vida. ¡Nos queremos vivas todas!, ¡ni una más!”, sentenció Irlanda, cuyo caso es hoy la prueba de que en Puebla, a las mujeres, las están matando. 

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