¿4ª transformación? O evolución de políticas neoliberales.

Existe en nuestro país, una gran cantidad de demandas sociales insatisfechas y una rebelión pacífica de los ciudadanos al emitir su voto masivo a favor de quien se logró desmarcar del discurso y la práctica oficiales de entreguismo, violencia y corrupción. Las políticas neoliberales establecidas en México han originado la crisis y ésta, a su vez, ha producido situaciones de ingobernabilidad a partir del nacimiento y desarrollo de los nuevos movimientos sociales e indígenas. No obstante, su heterogeneidad estos movimientos sociales han generado cambios en diferentes naciones de América Latina, apoyando la aparición de gobiernos de corte nacionalista, populista o socialista que apuestan por el cambio y la integración de América.
El modelo neoliberal fue impuesto paulatinamente al mundo como una panacea en función del desarrollo desde mediados de los años 70. Sin embargo, la credibilidad en las bondades del libre juego del mercado, del flujo de capitales y de la especulación financiera está siendo seriamente cuestionada en la práctica por los Estados y las instituciones internacionales. Este reordenamiento del poder se ha asociado a importantes cambios en el campo de la ciencia y la tecnología que han impactado de diversas maneras a todos y en todas las latitudes del planeta.
Los emergentes movimientos sociales se enfrentan ahora no sólo a las estructuras internas de poder, sino que se han visto obligados cada vez con mayor fuerza a contrarrestar el impacto y presencia de las redes transnacionales, a los diferentes organismos del capital financiero y sobre todo enfrentar al núcleo imperial representado fundamentalmente por los Estados Unidos. Su lucha adquiere entonces dadas estas circunstancias un carácter antiimperialista y anticapitalista.
Desde mediados del siglo pasado, políticos e intelectuales encabezados por Friedrich Hayek y Walter Lippmam, se dieron a la tarea de reclutar líderes políticos que instrumentasen el nuevo proyecto cuyo objetivo central era desde un principio ponerle fin, en nombre de la libertad del mercado, a la intervención estatal en la economía y terminar con el modelo de estado de bienestar establecido en esa misma segunda mitad del siglo.
El discurso neoliberal se presenta y se vende así mismo entonces como modernizador. Su implementación conduciría a los países que lo adoptasen por los caminos del desarrollo “propiciando” la entrada al primer mundo tal y como nos lo prometía la propaganda oficial del gobierno salinista en México.
Los principios esenciales del neoliberalismo son bastante simples. Los sacrificios se hacen a favor del desarrollismo neoliberal en aras de alcanzar en un futuro incierto y lejano el anhelado reino del bienestar y desarrollo económico de la sociedad. Por su parte, la industrialización neoliberal no es nacional, corre a cuenta de las empresas transnacionales extranjeras que cuentan con carta blanca a partir de las privatizaciones y reformas fiscales de los Estados–Nación.
La dimensión ideológica de este modelo, significa en términos netos reducir salarios, privatizar las empresas paraestatales, disminuir casi a cero los gastos públicos del estado afectando sectores sensibles como la educación y la salud, la seguridad social; eliminar las barreras proteccionistas para atraer una mayor afluencia de capital extranjero sobre todo de carácter financiero y bancario y favorecer e incrementar las exportaciones, por lo regular de productos tradicionales.
Si para el desarrollismo el objetivo central era sustituir las importaciones y propiciar un desarrollo autónomo, para el neoliberalismo monetarista el lema es diversificar y sobre todo incrementar las exportaciones tradicionales, perpetuando el modelo de dependencia estructural establecido desde hace siglos.
La rapidez con la que se fueron imponiendo en América Latina las políticas neoliberales sólo puede ser explicada si tenemos en cuenta diferentes factores y causas, a saber:
La erosión de las alianzas sociales previamente existentes, por lo regular basadas en una política de corte populista y que habían servido de base a los proyectos desarrollistas que se encontraban en crisis.
La desaparición de la URSS y del campo socialista en Europa del Este. El equilibrio de un mundo bipolar fue sustituido por la unipolaridad
Las sucesivas divisiones, derrotas y crisis experimentadas por las izquierdas. La caída del muro de Berlín llenó de incertidumbre y desesperanza a diferentes sectores intelectuales y políticos
El papel de los grandes medios de comunicación como agentes de propaganda y convencimiento de las bondades del modelo y las carencias o inconsistencias de la estructura democrática en América Latina.
La experiencia histórica muestra que en Latinoamérica la democracia sea parlamentaria o presidencialista, no ha pasado de las formalidades y no responde de facto a los intereses y derechos de las amplias mayorías
Existe una historia de impugnación y resistencia al neoliberalismo como patrón de dominación mundial. En América Latina tiene varias décadas de lucha y encuentra hoy con los cambios políticos en diferentes naciones de América una posible alternativa a los procesos de globalización neoliberal. En México se vende como la 4ª. Transformación social, equiparable a la Independencia, la Reforma y la Revolución. Solamente recordemos que lo mismo quiso vendernos Peña Nieto con sus reformas “estructurales”.
Lo que sí es un hecho real, es que la ingobernabilidad se ha convertido con el neoliberalismo también en un problema global. De hecho, es uno de los problemas más serios que afrontan los sistemas políticos contemporáneos, especialmente los pertenecientes a países de Tercer Mundo.
En general, una democracia es gobernable cuando los gobernantes toman y ejecutan decisiones que son aceptadas por la ciudadanía sin que esta pretenda cambiar el régimen político. La gobernabilidad en una sociedad depende de la capacidad de la maquinaria gubernamental para producir y ejecutar las dimensiones políticas con que se pretende hacer frente a las demandas y problemas de los gobernados. Cuando la clase dominante es capaz de ejercer de manera eficiente su hegemonía.
Algunos ejemplos de dicha ingobernabilidad, son: Argentina, país inmensamente rico en granos y carne, casi el 60% de la población llegó a ubicarse en niveles de pobreza; en Ecuador, de 1980 a 1996 el salario mínimo bajó en un 47,7%. Entre 1990 y 2004 el desempleo subió del 6,1% al 11%; los bloqueos de caminos en torno a Cochabamba, Bolivia en enero de 2000.
Por otra parte, este mismo tipo de situaciones propiciaron la llegada al poder de Hugo Chávez al frente del Movimiento Quinta República. La llegada al poder del PT con Luís Ignacio Lula Da Silva como presidente en Brasil, el triunfo de Néstor Kirchner en Argentina, la victoria del Frente amplio con Tabaré Vázquez en Uruguay, la conquista del gobierno por medios electorales del MAS con Evo Morales a la cabeza en Bolivia, el sorprendente triunfo electoral de Rafael Correa y el Movimiento Alianza País en Ecuador, el retorno a la presidencia de Daniel Ortega y el Sandinismo o parte del mismo por él representado y la elección de Lugo en Paraguay;
Aquellos que han proclamado su vocación socialista proyectando un “socialismo del siglo XXI” como Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, han intentado transformar las relaciones del gobierno con los nuevos movimientos sociales e indígenas y comenzaron a instrumentar medidas de beneficio y alcance social en esferas como la educación, la salud, seguridad social etc.
En mayor o menor grado, se ha intentado la transformación de la estructura del Estado imperante en América Latina y han pretendido la consolidación de estos gobiernos al favorecer procesos de integración y concertación regional y bilateral; algunos ejemplos:
El fortalecimiento de MERCOSUR con la entrada de Venezuela y un giro en su proyección al comenzar a considerar no sólo lo económico sino también el factor social.
La creación de la Unión Sudamericana de Naciones, UNASUR, para fortalecer la unidad y los mecanismos de concertación.
La firma de acuerdos bilaterales y la creación de empresas paraestatales entre dos o más naciones.
Cada uno de estos elementos son pasos de singular importancia en el largo, complejo y difícil camino hacia una integración efectiva de América Latina. Esto sólo se alcanzará en la medida que se busque un desarrollo endógeno que responda a las carencias y necesidades de nuestros pueblos y en dónde se observen también los factores políticos, sociales, culturales y étnicos. Si el gobierno electo y el pueblo mexicano logran vencer los obstáculos internos y las amenazas imperiales es posible que sí se pueda hablar de una 4ª. Transformación de la vida social de México y que el siglo XXI sea el siglo de América Latina; de no ser así, se tratará tan solo de un discurso. La historia juzgará si tan solo fue una fase nueva en la evolución del neoliberalismo.

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