A López Obrador le dejaron un país destrozado, en bancarrota, descarrilado, sin justicia, lleno de inseguridad, devastado por la corrupción y con una desconfianza del ciudadano a todo lo que huela gobierno.

Todas esas heridas abiertas van a ser difíciles de curar de manera inmediata y, algunas seguramente no van a cerrar. Ayotzinapa es un ejemplo emblemático, que se mantiene en el ánimo perturbado de la gente. De esto, tiene gran culpa el gobierno, en sus tres niveles; de inicio, la presunta vinculación del clan Abarca en Iguala quienes presuntamente dejaron en manos del crimen organizado el manejo de la seguridad de esa ciudad tamarinera, tuvo como consecuencia que, las policías al servicio de este grupo (Guerreros Unidos) fueran el primer conducto para atacar, herir, asesinar y desparecer a cerca de 50 personas en Iguala, la mayor parte normalistas.

El segundo nivel de gobierno fue el estatal, el defenestrado Ángel Aguirre Rivero, con su estilo valemadrista, dio tiempo a que la pareja imperial de Iguala desapareciera, incluso se sospecha de que ayudó a la evasión de la mencionada pareja, localizada posteriormente en la Cd. De México. Sin embargo, la inacción del gobierno Aguirrista es sospechosa, conocido es que, en México los gobiernos tiene un excelente nivel de intervención en los movimientos sociales, sobre todo por el nivel de corrupción que hay en la sociedad, es fácil siempre tener quien te informe a un módico precio de las acciones a realizar, más si estamos hablando de los normalistas más combativos en el país, es casi por descontado que tenían gente infiltrada en el movimiento. Aguirre en su calidad de gobernador, no puede llamarse desinformado de lo que pasaba en Iguala.

El tercer nivel de gobierno corresponde a Peña Nieto, tal vez el nivel más perverso de los tres, porque, es claro que, es el gobierno federal priista quien toma las decisiones centrales de lo que rodea la desaparición de los 43 jóvenes normalistas de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos, es Peña y sus secuaces quienes inventan la Verdad Histórica y tratan de engañar a la verdad con sus mentiras, es Peña sin duda quien para cubrir a Aguirre y a los Abarca, primeramente trata de esconder el tema de la desaparición como si se tratara simplemente de un pleito de borrachos en una cantina local, cuando en realidad desde un primer momento dada la magnitud del evento, la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa debió tratarse como un caso de seguridad nacional con repercusión mundial tal y como sucedió.

Ayotzi es una de las heridas abiertas en la cual, Obrador debe poner atención personalizada y/o cuando menos dedicar a una persona con autoridad para darle seguimiento serio, que deje a los padres y a la sociedad convencida de que realmente se está investigando para que todos y todas queden convencidos de los resultados finales. Lo ideal, que los jóvenes aparecieran vivos pero, conociendo al PRI y sus gobiernos, jamás permitirán la mínima posibilidad de ser acusados y castigados por delitos de lesa humanidad.

Ayotzinapa merece saber la verdad, los padres merecen, sus corazones tener paz, paz que solo les dará el saber a ciencia cierta qué pasó con sus hijos, hermanos, familiares en general, que el gobierno les dé certeza, que no los sigan engañando como hasta este momento.

Ayotzy vive. La lucha sigue.

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