México, democracia incipiente con opacidad intensa.

Por encima de la delincuencia, la situación económica, el empleo, entre otros tópicos, analistas políticos, académicos y Organizaciones Sociales, coinciden en que la corrupción es el tema que más preocupa a los mexicanos. En este país el que no transa no avanza, siempre hay uno más vivo que otro. Por eso, los impuestos, que son caros y excesivos con los cuales se recaudan miles de millones de pesos para el mantenimiento público, no se sabe a dónde van a parar; igual sucede con una gran cantidad de programas de lucha contra la marginación; las personas más pobres son a los que menos se apoya, una despensa no resuelve gran cosa cuando se vive en pobreza. Sólo bajo la democracia se combate eficazmente la opacidad y la discrecionalidad en el uso de los recursos públicos.

La evolución de una sociedad más democrática en nuestro país ha propiciado ciudadanos más críticos y el avance de medidas encaminadas a erradicar la permisividad y el despilfarro dentro de la gestión pública.

Aquí pareciera desprenderse una conclusión de que hoy hay más corrupción que antes y la pregunta es si eso es valido o si al contrario hoy hay más información que antes, hay más medición que antes, más transparencia que antes y es un pregunta que hay que hacernos, porque precisamente esto se aplica en muchos lugares si mayor transparencia refleja una mayor gravedad del problema o a lo mejor el problema estaba, pero no se media, no se avaluaba, no se generaba una conciencia critica, una opinión pública y una acción ciudadana para actuar en ese sentido.

El debate sobre el futuro de la democracia mexicana es tan fructífero hoy como lo fue hace años, aunque los matices han cambiado. En el pasado, los discursos, característicos de la política mexicana, mostraban una polarización total: unos argumentaban que la democracia resolvería los problemas del país, en tanto que otros señalaban la imposibilidad estructural para funcionar en un sistema político sustentado en la responsabilidad individual.

La democracia mexicana opera bien en su nivel más elemental, el sufragio. Pero como forma de gobierno no ha logrado cumplir su cometido. Esta circunstancia no es excepcional, ni sólo característica de México. La mayor parte de las naciones que avanzan hacia un sistema democrático de gobierno lo hacen más para superar un sistema dictatorial que por vía de un proceso acordado, discutido y consolidado de transición política. Casos tan atractivos como Chile y España son excepciones; lo típico son casos como el de México y Argentina.

Lo común entre las naciones que aspiran a la democracia es que acceden a dar sus primeros pasos en ella, sin un mapa para su desarrollo. Una vez vencido el primer obstáculo, los problemas asociados a la democracia comienzan a hacerse evidentes. El gran problema de la democracia reside en la ausencia de pesos y contrapesos. Es decir, cuando esta ecuación está incompleta, como es el caso de México, la democracia no puede operar o prosperar. Lo que diferencia la parálisis de muchas de las democracias jóvenes de la funcionalidad de democracias maduras es el sistema de equilibrios, ingrediente crucial de la democracia.

Cuando ésta cuenta con un sistema de pesos y contrapesos efectivo, cada uno de los poderes públicos sabe a qué atenerse y todos saben que sólo pueden ser exitosos en la medida en que los demás funcionen. En un sistema equilibrado, ningún poder puede aducir que fueron los otros poderes la razón que impidió el avance de su propia agenda. La democracia triunfa cuando se logra el mejor arreglo posible, no cuando una de las partes derrota a las demás. El desarrollo de un sistema balanceado, no depende de un sistema mecánico que se implanta desde arriba, sino de un método de organización que sólo puede cuajar si una sociedad debate, analiza y acuerda los componentes que integrarán su sistema político.

El futuro de México es el camino de las instituciones. México es el país de todos y no es patrimonio particular de nadie. La transición a la democracia en México ha experimentado cambios a partir de las exigencias sociales de abrir el sistema político mexicano.

La democracia mexicana comenzó a transitar hacia la consolidación de su vía electoral, pero no hacia su vía de participación democrática. La transparencia en las instituciones es un instrumento necesario en las democracias modernas, el acceso a la información es un derecho que se ha conquistado después de varias luchas cívicas. En México no ha existido formalmente el derecho a saber sino hasta el año 2002, que se ha materializado con el artículo 6° constitucional.

La opacidad ya no puede permanecer en las instituciones, las sociedades modernas exigen la información que generan dichas instituciones. La democracia moderna representativa exige la activación de un ciudadano informado y que sea capaz de elegir con sustento.

La calidad de democracia está directamente vinculada a su capacidad para crear ciudadanía, lo cual consiste en pasar de los derechos formalmente otorgados a los realmente vividos (Caputo, 2013: 27).

La transparencia pública es un aliciente para consolidar una ciudadanía fincada en los valores democráticos. Dar legitimidad es dar aceptación de los resultados que se esperan en democracia. Ejercer el derecho a la información en nuestro país puede considerarse como un estímulo a concretar la confianza en las instituciones gubernamentales. ¿Qué relación puede tener la transparencia y la democracia? En que un gobierno que haga una obligación clara el transparentar su administración podrá crear un ambiente de confianza en el ciudadano; podríamos entender que por sí sola la transparencia no generaría la legitimidad, pero si podría ayudar a fomentarla en un Estado democrático constitucional. La transparencia pública en un Estado democrático constitucional genera confianza en la ciudadanía.

¿Qué se entiende por democracia? La democracia política moderna es un “régimen de gobierno” en donde hay elecciones periódicas para la elegir a los gobernantes representativos. Para autores clásicos de la teoría de la democracia como Giovanni Sartori (1987: 38-39) la democracia quiere decir “que el poder es legítimo sólo si es investido desde abajo, sólo si es emanación de la voluntad popular; es decir concretamente, en la medida que sea libremente consentido”. De esta forma una primera posición que hay que teorizar es que la transparencia pública podría fomentar un poder legitimado e informado para ese consenso.

¿Usted cree que los servidores públicos son transparentes en su desempeño? El 83.4% de los encuestados contestó negativamente. Un dato nada alentador para observar que la gente no “cree” en la transparencia.

¿Qué es la transparencia gubernamental? La transparencia está íntimamente relacionada con el derecho de acceso a la información pública. Cualidades que la transparencia supone son: • Facilidad de acceso a la información: lo que incluye también la oportunidad de la información y su carácter universal y no discriminatorio • Completa: deben incluirse los aspectos más importantes sobre un tema • Relevante: debe de evitarse la información superflua y accesoria • Calidad y confiabilidad: debe de ser útil y contribuir a generar confianza, lo cual implica en este punto que la información sea oportuna y precisa (Kaufmann, 2002)3 .

La misma transparencia gubernamental podría poner freno a la impunidad que tanto daño le ha hecho a este país; transformar la estructura política mexicana, exigir el derecho a la información es exigir las verdades de las acciones gubernamentales.

Es necesario entonces generalizar en nuestro país la transparencia para poder acercar al Estado con el individuo y de esta forma rebajar la jerarquía de poder. Para crear una democracia integral, en el sentido no sólo procedimental-electoral sino funcional para crear condiciones simétricas de gobierno.

Como nación necesitamos una verdadera identidad que no hemos sido capaces de desarrollar. Se necesitan buscar nuevas opciones -la ciudadanía participativa- que abran nuevos caminos a una verdadera democracia, ya que es tiempo de reconocer el agotamiento del sistema político mexicano.

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