Son difíciles, asegura el líder religioso

El obispo de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, descartó la posibilidad de sentar a dialogar en una reunión cumbre a todos los jefes de la delincuencia organizada que operan en su zona de influencia.

Desde su llegada a la diócesis, el prelado inició una serie de giras por los pueblos de la sierra para dialogar con los líderes de los grupos criminales.

Su objetivo es generar condiciones de paz en la región a través de “treguas” entre los cárteles antagónicos.

En entrevista al término de un coloquio sobre la paz, Rangel Mendoza dijo que reunir a todos los capos “sería una cosa ideal”.

Sin embargo, reconoció que “sería como reunir a las hijas de María, son difíciles”.

Esta cumbre de jefes criminales, dijo, “no es fácil porque cada quien tiene sus intereses, cada quien tiene sus motivos”.

Por ello, sostuvo que “aún no es tiempo para una reunión de éstas, aunque sería lo ideal”.

Por lo pronto, dijo que seguirá con las reuniones en privado con cada uno de los jefes del narco que estén dispuestos a platicar con él.

Sobre los avances de sus negociaciones en la sierra, Rangel Mendoza aseveró que “tres cuartos ya se ha logrado” para construir una tregua de paz.

Prueba de ello, dijo, es que “en Filo de Caballos todo hacia la izquierda está normalizado, el tránsito se puede hacer, las urvans pueden subir, lo mismo los profesores y los médicos”.

El obispo subrayó que ya está en diálogo “con los señores de Filo de Caballos”, quienes “están dispuestos y prometieron que ya no van a asaltar y no van a molestar”, por lo que “ya se puede transitar libremente por esa línea de Filo de Caballos hasta Chilpancingo”.

También destacó que en Mezcala “donde estaba paralizado el tránsito ya está funcionando”. Lo único que falta, según el obispo, “es la línea de Tlacotepec”.

Cuestionado sobre los grupos con los que ha tenido acercamientos, Rangel Mendoza dijo que no puede abundar para no afectar las negociaciones.

Únicamente dijo que le hace falta “un grupo importante que tiene dos brazos muy violentos”.

“Logramos acercarnos a otros, pero todavía nos falta ese grupo (…) de Tlacotepec”, apuntó.

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