2019, la construcción de la paz.

La palabra Paz proviene del latín pax (pacis), que significa “acuerdo, pacto”. El concepto de Paz adquiere el significado de un estado de quietud o tranquilidad. Hace referencia a la ausencia de guerra; todo aquello centrado en los conflictos violentos entre Estados. En el Derecho Internacional, es considerada como tratado o convenio que se concuerda entre las partes beligerantes para poner fin a una guerra.

A nivel individual y social, la paz es el estado ideal que puede tener o aspirar un ser humano, o una sociedad, puesto que así se alcanza una situación de total armonía y equilibrio entre el corazón y la mente del individuo; es pues una ausencia de conflictos y luchas.

La paz social es el bienestar de la persona, a su libre manera de pensar. La paz no se consigue si se le arrebatan los derechos propios de la persona o si se suprimen todos los derechos inherentes que se le atribuyen como ser humano. La paz social se sostiene en un Estado de Derecho, que respeta la dignidad de la persona.

Construir la paz trae como reto el evitar los conflictos y generar condiciones de respeto, tolerancia y justicia. Significa elaborar y desarrollar una Cultura de la Paz. Esto no parece nada fácil de ser llevado a la práctica cotidiana.

A escala global se observan grandes amenazas y conflictos que ponen en peligro la vida en nuestro planeta. Fenómenos como el ecocidio, que tiene que ver con la destrucción de ecosistemas para satisfacer las necesidades del capital. El calentamiento global, la desertificación, la destrucción de bosques, la producción de grandes cantidades de basura, la desaparición de especies y la contaminación del agua.

Otro significativo fenómeno que atenta contra la Paz, es la expansión de la ideología de ultra derecha y su incorporación a la práctica de las instituciones bajo la máscara de la socialdemocracia. Es un nuevo tipo de fascismo que se actualiza para estar a tono con el capitalismo actual. Algunas de las formas en las que se puede observar, son: racismo, xenofobia, intolerancia religiosa, ataques contra la libertad de expresión, crímenes de odio.

Es una amenaza para la paz, el hecho de que por todo el mundo se registran altas tasas de feminicidios. La violencia contra las mujeres y los cuerpos feminizados aumentan, al tiempo que se niegan derechos sobre ellos. Los y las feministas, se expanden por todo el mundo.

Hay que sumar a todo lo anterior, las migraciones masivas, que no es otra cosa más que la respuesta que grandes masas humanas realizan para escapar de las guerras, de los desastres ambientales, de la falta de empleo y de todo aquello que amenaza a la vida.

En el contexto nacional, es un hecho la continuidad del neoliberalismo: sigue su vertiente extractiva; continúa la confirmación y crecimiento de las Zonas Económicas Especiales, el proyecto del Tren Maya (en tanto continuación del Plan Puebla-Panamá) y el Corredor Transístmico.

La amenaza del militarismo se encuentra latente con la utilización del Ejército para tareas de seguridad interior. La política de perdón y de punto final envía señales contrarias a la verdad, la memoria y la justicia. Un grave riesgo es entender la paz como sinónimo de cooptación, desmovilización y mediación, con el pretexto de conciliar el conflicto de clases.

Sigue en el aire la pregunta que he planteado en colaboraciones anteriores: ¿La cuarta transformación es una de las formas de evolución del neoliberalismo? ¿La paz es posible?

El poder dar respuestas a estas preguntas que tienen como telón de fondo la construcción de la Paz eleva la discusión a otro nivel, esto es: Imaginar una realidad totalmente diferente y construir mundos nuevos a partir de casi cero, por la ausencia de alternativas que sirvan de referentes. Veamos cómo se desarrolla nuestra cotidianeidad:

La ausencia de Paz en Guerrero obedece a la inseguridad, a la violencia, a que los responsables de los gobiernos estatal, federal y municipales no han sido capaces de depurar las policías municipales, a la existencia de los grupos civiles armados denominados policías comunitarias vinculados con grupos delincuenciales, a la portación y uso de las armas a los constantes homicidios dolosos, a la falta de coordinación interinstitucional contra la delincuencia y a favor de la seguridad en el estado.

De acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) Guerrero se ubica dentro de las tres primeras entidades del país con mayor violencia, después de Colima y Baja California. En 82 municipios del país de más de 20 mil habitantes la tasa de homicidio doloso fue de 50 por cada 100 mil habitantes en este 2018. Quince de los municipios más violentos pertenecen al estado de Guerrero, ubicándose Acapulco como el segundo más violento de la república mexicana.

Se requiere una imaginación con capacidad de generar consensos como principal tarea política, que el ejercicio del poder no busque como solución el absolutismo, sino la vida democrática y el estado de derecho; que se encuentre solución al drama social y familiar de los 43 estudiantes; que genere políticas dirigidas a restablecer el tejido social con oportunidades para la juventud y generar empleos, que sea capaz de involucrar a las universidades en el diseño de planes de desarrollo de todo tipo.

La prioridad para 2019 es garantizar la paz y la tranquilidad de los ciudadanos, bajar la incidencia delictiva, lograr armonía, con trabajo y con bienestar. La paz y la tranquilidad son frutos de la justicia. 2019 debe ser el año de la lucha por la justicia y la construcción de la paz. No podemos renunciar a ella por ningún motivo.

Se requiere la ciudadanización de la política, hemos dejado el monopolio de la política a quienes la han utilizado para robar, para mentir, para abusar, para excluir. No hemos entendido que la política es nuestra, es de todos, es de los ciudadanos, de quienes tenemos derechos y obligaciones cívicas. Si hemos renunciado al ejercicio de la política para el bien común, le hemos dejado este importante espacio de la sociedad a quienes la han estado utilizando para su propio beneficio.

Pesa un gran desprestigio sobre la política, no sólo en el ámbito nacional sino a nivel global. Se palpa el desprecio y el rechazo a todo lo que tenga que ver directa o indirectamente con la política, ya que despierta desconfianza.

Es por eso que hoy se busca implementar un mecanismo efectivo para que la entrega de los recursos de programas sociales que han sido etiquetados en el presupuesto de egresos de la federación, sea de manera directa a los beneficiarios. Es correcto y justo el intento por distribuir mejor los recursos transparentando su destino para evitar el agandalle y los moches a lo que están acostumbrados los políticos corruptos, pero no se puede aceptar que se pretenda apaciguar por la fuerza a una entidad que enfrenta problemas añejos a causa de la corrupción enraizada en el aparato gubernamental.

Construir la paz es generar una cultura que evite por todos los medios: la corrupción, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales y el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

La política, tal como la hemos vivido, ha generado este contexto de inseguridad y de violencia, ha generado que el número de familias desplazadas continúe creciendo ante la disputa por el control territorial.

Construir la paz es lograr transformar desde abajo las relaciones desiguales y clientelares que han impuesto los partidos políticos para someter a los pueblos como si fuesen sus súbditos.

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