Un femur, la primer pieza que el buscador de osamentas encontró en la periferia de Iguala

Siete años buscando a su hermano tomás, lo han llevado a recuperar más de 200 cuerpos  

A Mario lo conocen y saludan casi todos aquí en Huitzuco, este municipio de la región Norte del estado de actuales 33 mil habitantes, a poco más de media hora de Iguala, a donde acudimos para platicar con él, de su activismo (aunque él diga que no se considera activista) en la búsqueda de restos de personas desaparecidas.

Mañana fría en el municipio, Mario llega a la pequeña terminal de autobuses y se encamina a comprar tortillas para almorzar. Y lo conocen y lo saludan en prácticamente todos lados: en los puestos del mercado central, en cualquier establecimiento, algún conductor y en cualquier banqueta y esquina de la vía pública, dando los buenos días, hablando de algún encargo o reunión, presentando a su madre –a la que se encuentra también caminando en el Centro- y presumiendo a una vecina que le fue bien en la venta de mezcal en su reciente visita a la Ciudad de México, bebida que ahora comercializa para hacerse de dinero para su manutención.

– En lo que te podamos ayudar, aquí estamos-, le dice la mujer a Mario, tortillas en mano y con bicicleta a un lado, a metros de la vivienda que habita ahora con “medidas de seguridad” (así, entrecomillado): una cámara de sistema de circuito cerrado que falla y un delgado enrejado “que no va a parar los balazos”.

Y sube a la vivienda, alistándose a almorzar con su sobrino Luis Fernando, próximo a cumplir 8 años a fines de mes, y Miguel Ángel Trujillo, su compañero también buscador, éste, de justicia por el crimen y desaparición de cuatro hermanos, todos michoacanos.

Huevo con chorizo, café, una plática con muchas anécdotas y recuerdos que duelen, y a buscar, como Mario lo ha hecho desde hace más de cuatro años.

Iguala, Ayotzinapa, Tomy y las fosas

– Aquí hemos vivido y crecido toda la vida-, dice Mario, acompañado en este primer rato de plática de Saturnino, este niño abusado y platicador de actuales 7 años, que dice que de grande quiere ser trailero pero también buscador como su tío.

Saturnino, apodado así porque nació en la misma fecha que la bisabuela de Mario, de nombre Saturnina.

– Activista a la fuerza-, se le comenta a Mario, quien de inmediato responde.

– No soy activista, no soy nada, sólo busco a mi hermano.

– Pero has estado tejiendo redes de coordinación y apoyo con otras personas.

– Pues necesito de las personas para poder encontrar a mi hermano, es difícil organizar a un pueblo que no está comprometido con su sociedad.

La historia de Mario Vergara, de sus hermanas, de su madre, de Saturnino y hasta de la pequeña hija del entrevistado, inicia cuando secuestran a Tomás, su hermano, el 5 de julio del año 2012, “Tomy (como él le dice) trabajaba de taxista aquí en Huitzuco; el gobierno dice que el ser taxista es ser delincuente, no, ser taxista es un trabajo honesto que peligran mucho…todos estamos peligrando”.

De hecho, lo detalla, este lugar que ahora ocupa es la vivienda de Tomy, quien nació en 1973, “aquí vivía mi hermano, sus dos hijas y su esposa se tuvieron que ir del pueblo por seguridad”.

– Empezamos a buscar gracias a los papás de los 43-, dice Mario, evocando el movimiento normalista, el de padres, estudiantes y activistas, que buscan justicia y localización con vida de los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, en Tixtla, baleados primero y desaparecidos los 43 la noche-madrugada del 26 y 27 de septiembre en el vecino Iguala, en el año 2014.

Después de los ataques aquella noche, como es sabido, se conforman colectivos de buscadores de los 43 jóvenes todavía considerados desaparecidos, hasta que un día, “en Iguala, en el paraje Las Parotas, encontraron cinco fosas con 30 cuerpos calcinados; al estarlos sacando, no eran sus hijos”.

Mario y su familia, por su parte, “salimos a gritar a las calles que a la mejor ahí podría estar mi hermano; mucha gente salió a gritar que ahí podría estar su familiar”.

Por eso, como siempre lo ha sostenido, “gracias a los papás de los 43 nosotros empezamos a buscar alrededor de Iguala, porque se oía que había mucha gente enterrada; estuvimos en Cerro Viejo, en La Laguna, en Monte Horeb, en La Joya, en varias partes; alrededor de Iguala, Cocula…donde nos dijeran que pudiera haber gente enterrada nosotros íbamos a revisar”.

El ex “doctorado en cerveza” localizador de restos

Desde el 2014 a la fecha, por las ganas de localizar a su hermano Tomás, de manera prácticamente rústica, con herramientas básicas que entonces tenía en casa, Mario ha logrado sacar de su entierro clandestino más de 200 restos humanos sólo en Guerrero, “por nosotros”, lo recalca, “no por el gobierno”.

Antes del 2014, lo reconoce, “nunca busqué a mi hermano por miedo”, también “por no saber cómo. Recuerdo que salíamos a los pueblos a pegar fotos de mi hermano, por si alguien lo había visto y nos dijera; también la gente no apoya”.

Mario habla de secuestro, no de un levantón a su hermano. A quien se levanta por lo regular es para fines de ejecución directa, pero en éste caso “negociamos con los secuestradores, es un secuestro porque nos pedían dinero a cambio de la vida de mi hermano”.

Sobre si alguna vez los captores dieron una señal de vida de su hermano detalla: “nosotros hicimos denuncia en SEIDO (Subprocuraduría Especializada Investigadora en Delincuencia Organizada) federal y te mandan dos asesores, los cuales te dicen que para poder pagar tienes que asegurarte de que tu hermano esté vivo; ellos le llaman la prueba de vida: algo muy íntimo que sepan tu hermano y tú”.

Aquí la prueba de vida falló: “los malos” (como les dice Mario) daban respuestas equivocadas a preguntas íntimas, muy familiares, con respecto a Tomy, “entonces nos decían las autoridades que a lo mejor mi hermano estaba muerto y no teníamos por qué pagar por un muerto”.

– El gobierno archiva a nuestros familiares, el gobierno no investiga-, lo sostiene, “de mi hermano había voces, hay números telefónicos, hay coordenadas, hay muchas cosas como para que SEIDO, si hubiera hecho un buen trabajo, hubiera detenido a esas personas malas”.

 

Regreso al 2014: cuando detona el movimiento social por la exigencia de presentación de los 43 desaparecidos, primero son las dos hermanas de Mario quienes se integran a movilizaciones, exigiendo por su parte la presentación de Tomás, “ellas participaron en manifestaciones en Iguala, sacaron su pancarta (recordando) que no sólo eran 43 los desaparecidos, que había más gente; fue así como los medios nacionales e internacionales voltearon (a ver) a las otras familias que no teníamos voz, no éramos visibles a la sociedad”.

– ¿Entonces no había organización social en esta región, en Iguala y alrededores?

– No, cada quien lloraba en silencio y buscaba a su familiar en silencio. Más familias llegaron a la ciudad de Iguala diciendo que ellos también tenían su familiar desaparecido, entonces mis hermanas empezaron a participar en las primeras búsquedas con la UPOEG (Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero), buscando a los 43 estudiantes.

Era 16 de noviembre de 2014, recuerda Mario, cuando una de sus hermanas (de las que se omiten sus nombres seguridad) le preguntó si quería acompañarlas a los cerros, a buscar a Tomy, “le digo ‘sí, a mí me gusta caminar los cerros’”.

– ¿Qué hacías antes de todo esto, qué era de tu vida cotidiana?

– (Sonríe levemente antes de contestar) Yo tenía doctorado en repartir cerveza, repartía mucha cerveza, mi vida era la cerveza, vender cerveza. Tenía mi negocio, que era muy bueno, muy redituable, lo acabo de cerrar hace como un  mes porque no puedes buscar a tu familiar y trabajar. Repartía muchísima cerveza.

Ese negocio antes redituable para él se denominaba Billar Corona, un bar hoy cerrado y en cuya fachada se aprecian fotos de Tomás Vergara y números telefónicos para cualquier dato que sirva para su ubicación.

Pero llegó el momento en que este ex “doctorado en repartir cerveza” subió todos los días, durante ocho meses, a los cerros a buscar a su hermano, “a buscar fosas clandestinas”.

– En aquellos inicios llamó mucho la atención tu método de búsqueda-, se le dice.

– Fuimos aprendiendo porque no sabíamos nada de búsqueda.    

Y es que Mario, al principio, se iba a los cerros con varillas y tubos, los que enterraba hasta por más de un metro sobre un montón de tierra ‘suelta’ o removida, olía a través del tubo y si se percibía un olor a descomposición de material orgánico, como la parte de un cuerpo humano, ahí escarbaba, con pico y pala. Ahora ya no lo hace -por recomendación le dijeron que no lo hiciera más-, pero así fueron sus inicios, “el primer taller de búsqueda de fosas clandestinas nos los dio Miguel Jiménez Blanco, de la UPOEG, quien fue asesinado (en el 2015) por ser defensor de derechos humanos; Miguel acompañaba porque había un muchacho de su pueblo que era parte de los 43”.

– Vamos a ir a los cerros y en donde vean una hondita vamos a escarbar, donde vean tierra de otro color vamos a escarbar; donde vean un bordito de tierra a un lado-, básicamente así fue la capacitación de búsqueda en aquellos años.

Mario, sólo con pico y pala, “empezaron a brotar las fosas clandestinas”.

El “loco” amenazado con “la maldición del desaparecido”

– ¿Qué fue lo primero que encontraste de un humano?

– El fémur, (en) la primer fosa que escarbé en el paraje La Laguna, en Iguala. De ahí se recuperaron 21 cuerpos por nosotros, encontrados por nosotros.

Cuando por entonces en su vocabulario no estaba el término “fosas clandestinas” ni mucho menos sabía nombres de víctimas de violencia, “todo esto lo he ido aprendiendo porque es una necesidad; tuve que aprenderme los huesos de las personas porque nos engañaban, nos decían que no eran de humano, que eran de animal, cuando eran de humano”.

Se le pregunta quién o quiénes le decían eso: “el Ministerio Público y sus peritos, equipo de gobierno que nos ha dicho muchas mentiras”.

– ¿Te trataban desalentar para que no siguieras buscando?

– Sí, eso trataban y fue todo lo contrario. Me dije ‘tengo que aprender más cosas’, he leído artículos de cómo procesar las fosas clandestinas, qué tengo que hacer para no contaminar evidencias, para no borrar. Tengo un montón de libros que no tenían nada que ver con mi vida cotidiana de antes.

– Desaliento de autoridades, ¿Y qué percibías de tu entorno social?, ¿Qué decían en el pueblo de tu búsqueda?

– Cuando tienes un familiar desaparecido siempre he dicho que te cae “la maldición de la desaparición”: desaparecen tus amistades, desaparece tu familia, desaparece tu economía, desaparece uno mismo, porque la gente tiene miedo. Me he enfrentado contra el gobierno, he sacado muchas notas tirándole, que no trabaja, y eso los vecinos lo toman a mal, porque para ellos el gobierno lo es todo, para mí no porque me han dicho muchas mentiras. También las personas nos ven como los locos del pueblo.

Este “loco” que ahora tiene conocimientos también de rapel y que aprendió a “leer la tierra” cuando va con mochila pesada a cuestas a recorrer los cerros, donde “tienes que llevar toda tu herramienta porque no sabes a lo que vas a enfrentarte allá, yo solo, sin apoyo, más que el apoyo de mi familia, de mi mamá, de mis hermanas, mis sobrinitos”.

Mientras tanto, su esposa pero sobre todo su hija también –dice- están desapareciendo, ellas porque han tenido que dejar Huitzuco también por medidas de seguridad, “ella (la niña) es desplazada, se tuvo que salir porque estoy amenazado, me llegan muchas amenazas”.

– Te intimida el gobierno y te intimida la gente mala-, dice Mario Vergara, quien sin embargo dice que “le tengo más miedo al gobierno, porque el gobierno dice que no pasa nada en este país y yo digo ‘sí están pasando muchas cosas, sí hay graves violaciones a los derechos humanos, sí hay mucha gente que ha terminado en una fosa clandestina y no era mala, como dice el gobierno’, el gobierno se lava las manos diciendo ‘ah, es que en algo andaba’, ahora he aprendido a leer la Constitución mexicana y dice que nadie, ¡nadie, ningún mexicano!, tiene derecho a quitarle la vida a otro mexicano por haber hecho algo, para eso están las instituciones de procuración de justicia, para aplicar la justicia y que se castigue conforme a la justicia. La Constitución no dice que alguien te va a matar, que alguien te va a desaparecer, que alguien te va a enterrar en una fosa clandestina”.

Por eso, para él, “el gobierno no es un aliado, hablo de los tres niveles de gobierno; en vez de ser aliados son los que nos impiden hacer nuestra búsqueda, es el primero que nos frena, ‘no hagas eso porque te van a matar, porque tu vida está en peligro y nosotros no nos hacemos responsables’”.

– ¿Y los delincuentes te han abordado, te han amenazado?, ¿Qué te han dicho?

– Que ya deje de estar chingando, que no les caliente la plaza, que ellos me van a llevar donde entierran gente, que me van a ayudar a buscar a los enterrados…yo no tengo comunicación directa con ellos, sí hay una comunicación indirecta, hay gente que le llamo “intermediaria” que nos ha pasado información porque ellos les dicen dónde hay gente enterrada, el intermediario nos avisa y es así como hemos ido recuperando a nuestros familiares desaparecidos.

Una vez, tras ir a una búsqueda a la comunidad de Tlaxmalac, ahí en Huitzuco, por la tarde se le acercó una persona, “dice el jefe que no estés chingando, que si quieres gente enterrada él te va a llevar a donde están enterrados”, le dijeron.

Esa vez ignoró aquella advertencia, pero un año después, ahí mismo en Tlaxmalac, encontró una osamenta en una cueva del lugar.

Mario Vergara ya se ha hecho pruebas de radiografía, ya tiene estudios y un modelo de su dentadura, también carga una pequeña herradura de cobre, que llama su “identificación”: en caso de ser desaparecido y encontrado su cuerpo, ya habría medios y señas de que se trataría de él. La herradura fue un regalo de un compañero muerto, ese que lo acompaña “como mi ADN” porque además “me di cuenta que hay cosas que la tierra no desaparece”.

– A esto se ha llegado: a tener personas preocupadas por dejar rastros en caso de ser desaparecidas/asesinadas-, se le comenta.

– Sí porque después de seis años, ahora el gobierno federal, donde está la denuncia de mi hermano, nos está pidiendo estudios de los dientes. Vivo en un pueblo donde no llevas un expediente médico, hay muchos cuerpos que tienen mucha información: cicatrices, tatuajes, perforaciones, aretes. Sería más rápida la identificación si nosotros como familias aportamos esa información.

– ¿Eres creyente, Mario?, ¿A quién le rezas y qué le pides?

– Creo en Dios. Siempre rezo un Padre Nuestro y cuando encuentro una fosa clandestina rezo, les digo “ya llegamos por ti, somos un camino para que regreses con tu familia”.

Mientras tanto, pese a todo, “voy seguir buscando hasta que Dios me lo permita, también tengo la esperanza en que Saturnino crezca y sea de los mejores buscadores del país”

– ¿Sueñas, la verdad, en ver vivo a tu hermano?

– El 1 por ciento de nuestros corazones es abrazarlo vivo, pero hay que ser realistas: 99 por ciento de lo que pasa en el país nos dice que mi hermano ya no esté con vida. Mi hermano era muy listo, en seis años no hemos recibido comunicación con él y eso nos da mala espina.

– ¿Lo sueñas?

– Algunas veces lo soñábamos. La última vez me abrazaba y yo le pregunté ‘cómo has estado’, pero no me contestó, ahí desperté.    

 

 

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