Carrizallo, el pueblo que fue liberado tras la desaparición de Los 43

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“Si no hubiera sido por ellos, todavía seguiríamos secuestrados”, dicen los pobladores

Desde noviembre de 2015, habitantes del ejido de Carrizalillo, perteneciente al municipio de Eduardo Neri solicitaron a la Procuraduría General de la República (PGR) que buscara en sus tierras a los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, pues señalaron que si no todos, al menos parte importante del grupo fueron llevados a dicha localidad, tras los ataques registrados en Iguala de la Independencia.

El 22 de junio pasado, en diferentes medios se difundió un video de escasos once segundos, en él se observa que un hombre llamado Carlos Canto, detenido por su presunta vinculación con los hechos de Iguala es sometido a tortura para que aporte información sobre el paradero de los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos.

De manera atropellada, con una bolsa de plástico asfixiándolo, el hombre hace referencia a la comunidad de Mezcala, pueblo ubicado en la zona minera del municipio de Eduardo Neri.

Mezcala se ubica sobre la carretera federal México-Acapulco, durante varios años fue objeto de una encarnizada pugna entre dos grupos delictivos; Los Rojos y Guerreros Unidos (GU), este último señalado de ser el responsable de la embestida desatada contra los jóvenes en la cuna de la bandera, en complicidad con policías preventivos de Iguala, Cocula y Huitzuco de los Figueroa.

Si bien el GU disputaba el control de Mezcala, es en el Ejido de Carrizalillo, ubicado en la parte alta del municipio, en la ruta hacia la Sierra donde instaló un puesto de operaciones que implicó el sometimiento de todos sus habitantes, que viven fundamentalmente del recurso que las mineras pagan por la renta de sus tierra para la extracción de oro.

Y es en ese lugar donde los habitantes sostienen que si bien lo sucedido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala es una tragedia, para ellos representó el desenlace de un largo periodo de sometimiento a manos de un grupo del crimen organizado.

Una madrugada siniestra

La declaración de Carlos Canto, si bien fue obtenida bajo tortura, encuadra con el relato de un grupo de nueve reporteros que de Chilpancingo se desplazaron hacia Iguala para dar cobertura a lo sucedido en contra de los normalistas y jugadores del equipo de tercera división, Los Avispones de Chilpancingo, cuyo autobús fue balaceado cuando regresaban de disputar un partido.

Esa madrugada, los comunicadores recorrieron el crucero de Santa Teresa, donde encontraron el autobús baleado de Los Avispones, recargado sobre una cuneta, con numerosas perforaciones y la mayoría de sus cristales rotos.

Acudieron también al Hospital General y estuvieron en la calle Juan N. Álvarez, donde se registró el segundo ataque a balazos, encontraron tirados los cadáveres de dos alumnos; Julio César Ramírez Nava y Daniel Solis Gallardo, incluso antes de que arribara el personal de la Fiscalía General del Estado (FGE).

Tras las observar parte de las diligencias, los reporteros acudieron a la delegación que la FGE tiene en Iguala, lugar al que llegaron los primeros grupos de estudiantes encontrados por elementos de la Policía Ministerial y los jugadores del equipo de tercera división de Chilpancingo, para rendir las declaraciones correspondientes.

Alrededor de las 04:00 horas los reporteros consideraron pertinente regresar a Chilpancingo, pero personal de la Policía Federal (PF) les sugirió esperar, pues había un movimiento poco usual en las inmediaciones de Mezcala, paso obligado para llegar a la capital de Guerrero.

Casi amanecía cuando los mandos de la PF indicaron qe había condiciones para regresar, algunas unidades acompañaron el recorrido y efectivamente, al llegar a Mezcala se toparon con varios vehículos incendiados atravesados sobre la carretera.

Amanecía cuando las unidades eran retiradas de la cinta asfáltica y tras sofocar el fuego se les retiraba del lugar con el apoyo de varias grúas.

Los pobladores de Carrizalillo sostienen que esa madrugada hubo un movimiento inusual en la localidad, nadie se atrevió a salir de sus casas para observar lo que pasaba, pero hubo mucho ruido generado por el movimiento de maquinaria pesada y por lo menos un camión de carga, en el que señalaron que pudieron llevar a los estudiantes.

Desde junio de 2014 Guerreros Unidos había tomado el control de por lo menos 20 viviendas ubicadas en el acceso principal de la localidad, pero la madrugada del 27 de septiembre la presencia de hombres armados se incrementó considerablemente.

Recuerdan que los “refuerzos” que llegaron eran diferentes a los delincuentes que hacían base en el ejido, pues vestían uniformes, tenían equipo táctico y se desplazaban siempre con una logística bien determinada.

La zona del pueblo que estaba en el dominio de la organización delictiva actualmente es conocida como “la calle del terror”, el acceso al pueblo no solo era vigilado por los pistoleros de la organización, todos los varones mayores de edad estaban obligados a montar guardia en un puesto de control.

«A los que veían más o menos con miedo lo dejaban de noche como castigo, uno de ellos subía el cartucho de su arma y nos decía; hijos de la chingada, si hay madrazos, al primero que corra yo mismo lo mato».

Cuando la negativa para vigilar era contundente, el vecino tenía solo dos posibilidades; pagar una multa de 400 pesos para que otro cubriera el turno, o recibir una tableada por parte de los pistoleros.

El 21 de octubre de 2014, un operativo de la PF en la comunidad propició la retirada de los integrantes del GU de Carrizalillo, lo que implicó la liberación de sus habitantes de la opresión que les representaba la presencia de los civiles armados.

Las casas que ocupaban como guarida para los sicarios quedaron abandonadas, cuando los pobladores las mostraron a los medios, con desdén las señalaban y decían: “ahí ni para coger”.

Busquen en Carrizalillo

El miércoles 28 de octubre de 2015, los pobladores de Carrizalillo se alertaron por la detención de su comisario ejidal, Ricardo López García a manos de un grupo de elementos de la Policía Federal (PF).

Su hija, Rocío López, los increpó a la altura de la plaza central del pueblo, mientras un tumulto se organizaba para defenderlo.

Superados numéricamente, los elementos de la PF no pudieron evitar la revisión de las dos patrullas en que se desplazaban; en una de ellas los pobladores encontraron a un supuesto integrante de Guerreros Unidos, de nombre Modesto Peña Celso, a quien reconocieron por ser originario de la comunidad y por ser quien había llevado a los miembros de la organización criminal cuando estos se apoderaron del pueblo.

Atemorizados, los de la PF ofrecieron dejar a Modesto Peña para que los pobladores «hicieran con él lo que quisieran», pero este les dijo a gritos que los policías «sabían a lo que iban» y que no podían asumirse como inocentes, entonces los lugareños decidieron retenerlos durante varias horas.

El tres de noviembre hubo un llamado directo por parte de las autoridades ejidales para que la PGR acudiera con equipo especializado a indagar en sus tierras, para despejar la sospecha de que ahí estaban sepultados los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

El 6 de noviembre de 2015, personal de la PGR localizó los restos de cinco cuerpos en tres fosas clandestinas ubicadas en las inmediaciones del pueblo, pero la dependencia aclaró que las víctimas que tenían ninguna relación con los 43 normalistas de Ayotzinapa.

De los cadáveres, la PGR informó en forma escueta que por lo menos dos correspondían a mujer.

Por los 43 estamos libres

El 3 de noviembre de 2015, un grupo de pobladores dirigió un llamado los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, para ofrecerles el apoyo en caso de que quisieran buscar a los muchachos en sus tierras.

“Si los padres de ellos vienen nosotros estamos dispuestos a ayudarlos, porque por ellos estamos libres, fue un sacrificio muy lamentable, pero si no hubiera pasado lo de Iguala nosotros estaríamos secuestrados”.

Otro poblador que solicitó el anonimato aseguró: “Yo lo siento por los de Ayotzinapa porque los levantaron, pero ahí fue donde la banda comenzó a apendejarse, porque incluso los comenzaron a perseguir y muchos incluso hasta fueron a la cárcel”.

Cuando se conoció el video sobre la tortura contra Carlos Canto, varios habitantes de Carrizalillo compartieron las imágenes sin hacer muchos comentarios.

Al contactarlos, en mensajes privados volvieron a señalar la posibilidad de que los jóvenes hayan sido llevados a sus tierras, por eso aclararon: “No están en Mezcala, están en Carrizalillo”.

Siempre solicitando el beneficio del anonimato, ofrecieron disposición para permitir que los padres de familia agraviados por lo sucedido en Iguala realicen algún trabajo de búsqueda.

Cuestionado al respecto, el vocero del colectivo Nos Faltan 43, Felipe de la Cruz, sostuvo que esa información es parte de las líneas que habrá de tomar la Fiscalía Especial para el Caso Iguala, que ya tiene titular.

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