El sueño de Volcano

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La vida cotidiana y la aspiración de un artista urbano de Chilpancingo

La gente de Chilpancingo tiene amor al prójimo, dice José Luis Lucian

Volcano tiene un sueño que abraza desde los 13 años, una aspiración que no matan las nueve horas que pasa todos los días lanzando cuchillos, una meta que no borra ni la cuarentena impuesta por la pandemia de una enfermedad que hasta hace poco era desconocida; el Coronavirus.
Mientras dura la luz roja del semáforo que regula la circulación vial, en el crucero que lleva hacia el panteón central de Chilpancingo, Jorge Luis Lucian lanza cuatro cuchillos a los costados y finalmente un quinto rompe un globo que su hijo mayor coloca en la boca, para imprimirle suspenso al número de circo urbano que protagonizan.
Después, mientras los automovilistas reinician la marcha de sus coches, Volcano se coloca en el centro, en algunas ocasiones levanta la mano derecha para mantener la atención de los espectadores furtivos, si alguno hace la señal de que otorgara la recompensa de una moneda, el hombre de los cuchillos se lleva la mano al pecho e inclina la barbilla en señal de agradecimiento.
Esa es la rutina que le permite llevarse a la casa -donde lo espera una esposa y dos hijos más- un promedio de 100 y 150 pesos diarios, cantidad con la que abastece de insumos la pequeña cocina en la que se procesan los alimentos que les permiten subsistir.

Vivir al día, pero con esperanza

Cuando José Luis habla sobre el impacto que ha representado para su actividad la pandemia del Covid-19, responde casi de golpe que contrario a la disposición gubernamental de mantenerse en casa, él ahora debe ampliar sus jornadas de trabajo hasta en dos o tres horas más extras, en una vía pública y expuesto de manera permanente “al bicho”.
Sin embargo, en las palabras de Volcano no existe queja por la situación que atraviesa, lejos de eso, lo que se escucha es una expresión de empatía para con otras personas que enfrentan una realidad que asegura, es más cruda que la propia.
“Sabemos que hay gente que no tiene trabajo y deben estar encerrados en sus casas, sobreviven con un kilo de arroz y un kilo de frijol que no sabemos cada cuanto les llega, ahí se siente lo más fuerte de esto que está pasando, yo por lo menos un plato de comida tengo para compartir con mi familia, aunque sea un kilo de frijol y un kilo de tortilla al día lo llevamos”.
No hay reproches cuando manifiesta que frente a lo adverso de la cuarentena sanitaria, impuesta por las autoridades de los tres niveles de gobierno, la gente que circula diariamente en la ciudad y que tiene como ruta el crucero en que se coloca todos los días no ha dejado de apoyarlo.
“Yo llegué a pensar que como nos ven en la calle, tal vez subirían sus vidrios y tendrían miedo de darnos una moneda por el riesgo de enfermarse, pero la gente en Chilpancingo tiene amor al prójimo y nos sigue dando su respaldo, a mi lo que me pesa mucho es otra gente que en realidad lo necesita, a los que no les llega el recurso, que no tienen ni 50 pesos en sus manos y están encerrados en sus casas, eso en realidad que duele demasiado”.
Antes de que el Coronavirus se instalara en la vida de los mexicanos y llegara hasta la cuna de los Sentimientos de la Nación, Volcano y su hijo comenzaban su jornada alrededor de las 12:00 horas y terminaban a las 18:00, ahora inician entre las 10 y 11, para retirarse por muy temprano a las 20:00.
Las monedas que reúnen a costa de lanzar cuchillos y reventar globos representan menos de la mitad que acumulaban antes de la pandemia, pues admite que la circulación bajó drásticamente y con ello el ingreso, pero confía en que pronto la situación mejorará.
Aliviana un poco la situación, el hecho de que un grupo de jóvenes, héroes anónimos cada tercer día pasan a los diferentes puntos en que se encuentran artistas urbanos como Volcano para ofrecerles un plato de comida, la que reciben con agradecimiento.
“Nos dan un plato de comida y un vaso con agua. No nos piden nada, son gente con un gran corazón, sin duda”.

El sueño, un circo local

Volcano adquirió el sobrenombre a partir de un número de circo que realizaba en un pequeño espectáculo montado en el parque Zoológico de Chilpancingo.
Durante un tramo importante de la década de los noventas, se sumergía en un tambo lleno de agua, al cual se le prendía fuego en la parte superior y de pronto, como un volcán emergía para escapar del agua y de las llamas, lo que propició que muchos habitantes de la capital de Guerrero lo reconozcan cada que lo miran.
Su actividad como artista urbano comenzó a los 13 años, como payasito y ya formó parte de una carpa local, cada que se sumerge en los recuerdos su rostro se transforma y surge una sonrisa contagiosa, que motiva el olvido de la adversidad actual.
“La situación es que llevas un ritmo en el corazón que se sincroniza con los aplausos y la sonrisa de los niños, eso es lo que te alienta a seguir, yo creo que me voy a morir siendo artista de circo, haciendo mi número familiar”.
El sueño de José Luis, el hombre que le dio vida a Volcano y que todos los días lanza cuchillos en un semáforo de la ciudad, es ser el fundador del primer circo que tenga como cuna Chilpancingo.
El sueño de Volcano, alias José Luis no se lo han quitado los años, ni la pobreza, asegura que mucho menos la pandemia del Coronavirus.

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