Pero el reclamo de justicia prevalece, dice un sobreviviente

La pandemia generada por el Covid-19 provocó la suspensión de las actividades programadas para conmemorar los 22 años de la masacre de 11 indígenas mixtecos en la comunidad de El Charco, municipio de Ayutla de Los Libres.

Efrén Cortés Chávez, uno de los sobrevivientes de la masacre de referencia, quien estuvo preso y fue víctima de tortura por parte de elementos del Ejército Mexicano, sostiene que hubo elementos de peso para suspender las acciones que tendrían como punto central la escuela primaria Caritino Maldonado, donde se registró la masacre.

“Esta enfermedad sí es real, principalmente ataca a sectores cuyo sistema inmunológico es muy débil, nosotros valoramos que en la la zona indígena se tienen muchos problemas de anemia, derivados por la alimentación de nuestros pueblos originarios”, señaló.

Cada que se desarrolla el aniversario de la masacre registrada en dicha comunidad, dijo que se movilizan activistas de diferentes organizaciones procedentes de Chilpancingo, Tlapa, Acapulco y la Ciudad de México, entre otros puntos.

Indicó que son más de cien personas que llegan de otros puntos a la localidad, situación que representa un riesgo para la población y por eso se optó por no llevar a cabo el evento conmemorativo.

Lo que sí consideró oportuno, es recordar que a 22 años de distancia no hay elementos ni mandos militares sancionados por lo sucedido en la escuela Caritino Maldonado, en la comunidad de El Charco.

“Lo que se ha dicho desde el principio es que fue un enfrentamiento entre la guerrilla y el Estado Mexicano representado por los soldados, cuando en realidad es que en el lugar había civiles y se les dijo en su momento”, señaló.

Afortunadamente, dijo que en diciembre de 2018 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) declaró admisible la revisión del caso, por la cantidad de excesos que se cometieron, además de la presencia de civiles, particularmente mujeres y niños en el lugar de los hechos.

De hecho, manifestó que la administración de Ángel Aguirre Rivero incurrió en un acto de complicidad, porque declinó a la posibilidad de investigar la masacre.

En esos hechos dijo, hubo asesinatos, heridos, torturas y hasta niños lesionados, pero además dejó en claro que lo que se trabajó con mucho detalle fue una estrategia
contrainsurgente.

En esa lógica, destacó que el operativo siempre tuvo el objetivo de matar a quienes se encontraban en la primaria Caritino Maldonado.

Admitió que en El Charco había tres columna del naciente ERPI, por lo que sí hubo un enfrentamiento con los militares, pero al final se impuso la cantidad de personal y el armamento pesado que portaban los soldados.

Incluso, recuerda que hubo un acto de rendición, pero cuando esta se dio, los militares se fueron con todo.

“Se les dijo que en la escuela había civiles, incluso mujeres y niños a lo que ellos respondieron –les vamos a dar su chilate con pan- y continuó la a agresión”.

En ese enfrentamiento, dijo que se utilizaron granadas y metralletas calibre 50, incluso lanzaron morteros, por eso aparecieron vacas y animales muertos a distancia de la escuela.

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