Gonzalo Molina: policía comunitario, preso político y víctima de desaparición forzada

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Fue perseguido desde que salió de prisión hasta que intentó obtener medidas cautelares, en la Ciudad de México
Gonzalo Molina González, promotor de la Policía Comunitaria (PC) en Tixtla fue liberado el 28 de febrero del presente año, un mes después fue reportado como desaparecido junto a dos hijos y su yerno, en la Ciudad de México.
El 26 de Agosto de 2014, Molina González y un grupo de integrantes de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) llegaron a la puerta principal del palacio municipal de Tixtla para instalar un plantón, exigían la liberación de Nestora Salgado García, entonces líder de la autodefensa de Olinalá, quien fuera detenida por elementos de la Marina Armada de México,
El mitin que encabezó Molina derivó en un enfrentamiento a golpes con la policía preventiva de Tixtla, lo que propició que la Fiscalía General del Estado (FGE), en ese tiempo a cargo de Iñaky Blanco Cabrera lo persiguiera por la presunta comisión de los delitos de terrorismo, lesiones, robo y privación de la libertad.
Fue detenido en octubre de 2014 y después de varios años recupero su libertad, tras lograr la absolución en todos los delitos que se le imputaron.
El 28 de febrero de 2019, Molina fue recibido en las puertas del centro de reinserción Social (Cereso) de Chilpancingo por su esposa, Ausencia Honorato Vázquez y activistas de diferentes organizaciones sociales, principalmente del Movimiento por la Libertad de los Presos Políticos del Estado de Guerrero (MOLPEG).
Ese día dijo que volvería al barrio del Fortín, en Tixtla para retomar su trabajo como promotor de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), hubo un festejo en su casa, pero ya no pudo reinstalarse como antes de caer en prisión.
Sus dos hijos mayores de edad, un varón y una mujer desde antes de que saliera de prisión se habían movido hacia la Ciudad de México, pues recibían amenazas por parte de supuestos integrantes del crimen organizado.
El 25 de marzo, a invitación del Colectivo por la Liberación de los Presos Políticos (CLPP), Gonzalo Molina acudió a la capital del país para participar en un conversatorio con estudiantes de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero dese ese día y hasta la noche del martes 26 fue perseguido por delincuentes que se movieron desde los municipios de Chilpancingo y Tierra Colorada.
Del hostigamiento a la desaparición
En un documento emitido la noche del miércoles 27 de marzo, el colectivo por la Libertad de los Presos Políticos reportó la desaparición del vocero de la Casa de Justicia de El Fortín, en la cabecera municipal de Tixtla.
Dicha organización dijo que desde el día en que Molina González recuperó su libertad fue objeto de amenazas por parte de supuestos integrantes del crimen organizado, por esa razón se optó por trasladarlo a la Ciudad de México.
El CLPP y el propio Gonzalo Molina solicitaron la asignación de medidas cautelares, una vez que su integridad personal se encontraba en riesgo, razón por la que se presentaron ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Subsecretaria de Derechos Humanos Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, a cargo de Alejandro Encinas Rodríguez.
Aunque en la CNDH y la SEGOB dijeron que otorgarían las medidas cautelares, estas nunca se hicieron efectivas, ni a favor de Gonzalo ni de sus hijos, que ya estaban en la Ciudad de México.
Relatan: “El lunes 25 de marzo, tras participar en un conversatorio en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Gonzalo sufrió un intento de levantamiento estando aún dentro de las instalaciones de la máxima casa de estudios, situación que fue desarticulada por la protección de los mismos estudiantes universitarios”.
Continúa: “El día 26 de marzo, los criminales intensificaron sus patrullajes hacia la persona de Gonzalo e incrementaron el hostigamiento directo a su familia durante el transcurso de la marcha por la exigencia de la presentación con vida de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa”.
En la marcha Gonzalo recibió amenazas por parte de una mujer conocida como Yazmín, alias la “Norteña”, a quien el Colectivo por la Libertad de los Presos Políticos se refiere como una “conocida militar e integrante del grupo delictivo de los Viagras”, la cual se indica, opera en Tierra Colorada y el Ocotito.
Ella se trasladó a la Ciudad de México y participó en la marcha en pro de los 43, los voceros del colectivo aseguran que fue vista tomando fotos y tuvo el espacio necesario para amenazar al dirigente de la CRAC, después se perdió de vista.
El relato continúa: “Posteriormente, un individuo que lo fotografiaba durante la marcha intentó ingresar al edificio al cual acudieron Gonzalo y sus acompañantes momentáneamente para usar los sanitarios. El desconocido fue retenido en la entrada del edificio y no pudo justificar su intención de llegar hasta el área en donde se encontraba Gonzalo Molina”.
Después, cuando lo llevaron a un domicilio en el que habrían de pernoctar el vocero de la Comunitaria, sus dos hijos y su yerno, se detectó a otra persona tomando videos del domicilio.
Cuando los integrantes del CLPP confrontaron al hombre que tomaba los videos, este manifestó argumentos que consideraron como torpes, pues dijo que buscaba departamentos en renta, pese a que eran más de las 21:00 horas.
Ante el acecho, los integrantes del CLPP decidieron mover a Gonzalo y sus acompañantes a otro lugar más seguro, en el que tendrían un acompañamiento constante.
Explican: “Se decidió contratar los servicios de un taxi seguro y se monitorizaba el avance de dicho taxi hasta su destino, incluyendo un par de llamadas sin que se reportaran problema alguno. No obstante, a tan solo cinco cuadras de su llegada al punto solicitado, la aplicación da por terminando el viaje”.
El contacto se perdió alrededor de las 22:00 horas por el rumbo de Martín Carrera. Hasta las 00:00 horas, integrantes de la Brigada por la Paz Marabunta recorrieron la zona en que se perdió el contacto sin encontrarlos.
Cuando marcaron los teléfonos celulares de Gonzalo y sus hijos estos se encontraban apagados.
Hasta la tarde del viernes 29 de marzo, las autoridades y las organizaciones sociales afines a la CRAC no tenían información sobre el paradero de Gonzalo y parte de su familia.

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