Es la principal central de abastos de Chilpancingo

El Baltazar R. Leyva Mancilla es la principal central de abastos de Chilpancingo, un motor de la economía popular que en la primera mitad de 2017, de acuerdo con las autoridades se convirtió en un auténtico foco rojo en materia de inseguridad, por la cantidad de crímenes que se cometieron en sus pasillos y alrededores.

Ubicado en la parte norte de la ciudad, flanqueado por la avenida de los Insurgentes, el mercado central se integra por cinco naves, en ellas diariamente luchan por subsistir alrededor de 700 comerciantes establecidos, mientras que en los recovecos de sus áreas de acceso, pasillos y estacionamiento hacen lo propio por lo menos mil 200 ambulantes de diferentes giros.

En las inmediaciones del mercado no se encuentra de todo, pero sí muchas cosas que ayudan a sobrellevar la cotidianeidad; desde ropa a bajo costo, hortalizas, remedios caseros que se anuncian a grito en pecho, pescaderías improvisadas, animales de crianza, aves exóticas contenidas pequeñas jaulas, fritangas y bolsas para basura, entre otros productos que se ofrecen en pequeñas lonas extendidas en el suelo, pero también en los brazos del marchante.    

En la central de abastos confluyen diariamente miles de personas, entre consumidores, autoridades y comerciantes fijos, semifijos y ambulantes, lo que genera una vida cotidiana caracterizada por diferentes tonos de voces, colores, sabores y aromas.

Hasta hace poco, los capítulos de mayor tensión que se enfrentaban en el paradójicamente llamado “mercado nuevo”, eran los del regateo constante entre el vendedor y el potencial comprador, lo que generalmente derivaba en un buen acuerdo, para rematar con la petición de “pilón”.        

Pero a la vida cotidiana del Baltazar R. Leyva Manecilla se agregaron algunos elementos que cambiaron radicalmente los matices de la vida en sus puestos, andadores, áreas de carga y las estrechas vías de acceso; las amenazas, los asesinatos, el silencio, la impunidad en todos los casos y un silencio que refleja el nivel del temor que ahí prevalece, pero también despierta la sospecha en torno a la posible complicidad de algunos de sus actores internos.

El foco rojo

La tarde del viernes 30 de junio, un hombre fue ejecutado a balazos en la parte alta de la nave 5, en lo que ahora se conoce como el tianguis, pero en donde mucho tiempo funcionó la central de autobuses “Flecha Roja”.

Junto con la víctima mortal, otro varón resultó con heridas de bala en diferentes partes del cuerpo, como sucedió en otros ataques registrados en dicho lugar -principalmente durante los meses de marzo, abril, mayo y junio de 2017-, los agresores cometieron el crimen y se retiraron sin dificultades.

La mañana del sábado 1 de julio, el alcalde Marco Antonio Leyva Mena, como ya lo ha dicho en otras ocasiones, se refirió al mercado de referencia  como un foco rojo en materia de inseguridad, lo que destacó, ya se ha denunciado en muchas ocasiones.

Explicó que su administración está a la espera de que se intensifiquen los operativos ordenados por el gobierno estatal y la federación, a los que ya notificó lo que sucede.

El próximo martes 4 de julio, se espera que haya un despliegue de cuerpos de seguridad muy fuerte en las cinco naves del Baltazar R. Leyva, ese mismo día se citará a dialogar a los representantes de cada una de las etapas, para de esa manera buscar una ruta conjunta de trabajo, con la perspectiva de superar la etapa que se enfrenta en materia de criminalidad.

La recomendación

Para el alcalde Leyva Mena, es necesario que los comerciantes del Baltazar cuiden mucho con quien hacen negocios, ya que existen datos que llevan a las autoridades a presumir que existe una fuerte inversión de recursos ilícitos en dicha central.

Durante los meses de abril y mayo, el jefe de cabildo habló ante los medios de comunicación sobre el interés de algunos actores del crimen organizado por ingresar en actividades lícitas, por lo que habían observado una posibilidad de invertir en el mercado central de la ciudad.

El problema de una decisión de esa naturaleza, de acuerdo con el alcalde, es que para liberarse de cualquier competencia, esos inversionistas utilizan a comerciantes ya establecidos para agredir a los demás.

En consecuencia, los llamados a mantenerse al margen de cualquier relación con la delincuencia no solo no han tenido eco, sino que la contaminación de la vida interna de la central de abastos se agudiza.

Para entender lo que pasa en la central de abastos, el alcalde señala que se debe tomar en cuenta la capacidad económica que tienen las organizaciones delictivas, pero también la capacidad de fuego, que les sirve para someter a los locatarios por medio del miedo.

Las autoridades municipales reconocen que entre junio y mayo se han registrado al menos 10 asesinatos en el mercado, aunque también reconocen que hay ataques en los que las víctimas consiguieron escapar a sus agresores.

Hasta el momento, ninguno de los casos ha sido denunciado ante las autoridades, ni estas han dado a conocer avances en ninguno de los crímenes. 

Hace un mes, el ayuntamiento solicitó la construcción de un puesto de vigilancia policíaca, pero la ausencia de recursos impide que se avance en dicha propuesta, cuyo costo supera los 300 mil pesos.

Si bien junio registró al menos 33 asesinatos dolosos, el alcalde sugiere que se debe tomar en cuenta que la mayoría de los crímenes se cometen con premeditación, alevosía y ventaja, incluso algunas de las víctimas son torturadas y descuartizadas.

Atender esas particularidades, indica que permitirá tener la certeza de que se trata de acciones dirigidas entre miembros de grupos delictivos, lo que supera la capacidad de previsión de las autoridades. 

La desesperación

Mientras las autoridades diseñan un mecanismo de resguardo, así como trabajos de vigilancia que permitan restablecer la tranquilidad en el mercado popular más concurrido de la ciudad, los locatarios comienzan a comportarse de manera poco usual.

La tarde del 30 de junio, elementos de la Policía Federal (PF) detuvieron a Miltón N, líder de expendedores de carne en el Baltazar, a quien le encontraron un arma de fuego cuya propiedad no pudo acreditar.
De acuerdo con un parte informativo, el dirigente fue interceptado en un filtro de revisión que personal de la PF instaló en el punto conocido como «Los cocos», sobre el antiguo libramiento a Tixtla.
El expendedor de carne manejaba una camioneta Ford Lobo de color gris, placas del estado de Guerrero y dentro de la unidad una pistola 9 milímetros de la que no pudo acreditar la propiedad.
Miltón, de 35 años de edad fue asegurado por los elementos de la Policía Federal (PF), ya que en el piso de la camioneta se encontró un cartucho útil, en tanto que la pistola tenía un cargador con ocho balas, razón por la que indicaron, sería puesto a disposición de las autoridades correspondientes.
Durante todo el fin de semana, las autoridades no aportaron más datos respecto a la situación del dirigente, sus compañeros de gremio tampoco hicieron algo para solicitar su liberación, o por lo menos requerir una explicación respecto a su situación legal.

  

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