Animales muertos se pudren en las calles y patios de viviendas abandonadas  

Pobladores de la cabecera y autodefensas  realizan brigada de limpieza  

La Gavia, comunidad perteneciente a San Miguel Totolapan y considerada como el principal centro de operaciones de “Los Tequileros” se ha convertido en un foco de infección, por la cantidad de animales muertos que se descomponen en las calles y patios de viviendas que se encuentran abandonadas.

El asedio hacia la comunidad de referencia comenzó desde la jornada del 12 de diciembre de 2016, cuando en la cabecera municipal surgió un movimiento de autodefensa cuya consigna principal fue la captura de Raybel Jacobo de Almonte, líder de la organización delictiva que durante los últimos años atemorizó por lo menos tres municipios de la Tierra Caliente de Guerrero; Arcelia, Ajuchitlán del Progreso y San Miguel Totolapan.

La presión se incrementó cinco meses después, el 12 de mayo, cuando cientos de policías estatales y elementos del Ejército Mexicano se posicionaron de la cabecera municipal para desde ahí coordinar los trabajos de búsqueda hacia la comunidad en que se resguardaban “Los Tequileros”.

El lunes 19 de junio, personal de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), dependiente de la Procuraduría General de la República (PGR) llegaron hasta la comunidad de referencia con la intención de cumplimentar una orden de aprehensión contra Raybel Jacobo, pues tenían información de que durante el día s remontaba hacia los cerros, pero que llegada la noche bajaba a dormir al pueblo.

Cuatro agentes fueron asesinados, un integrante de la banda de Jacobo de Almonte fue abatido y 11 elementos de la PGR fueron heridos de gravedad, entre ellos dos comandantes.

Ellos declararon que tras casi cuatro horas de enfrentamiento, cuando tenían a tres agresores detenidos, por lo menos 50 habitantes, entre ellos mujeres y niños salieron de sus casas para defender a los tequileros.

Esa fue la última ocasión en que se tuve referencia de que la comunidad estuviera habitada.

El lunes 3 de julio, un grupo de reporteros de Chilpancingo, resguardados por elementos de la Policía del Estado ingresó a la localidad de referencia.

Ellos dieron cuenta de que las viviendas, la escuela y la iglesia estaban abandonadas, que lo único que se observaba eran animales domésticos en las calles y los patios de las viviendas.

Diez días después, la mañana del jueves 13 de julio, habitantes de la cabecera municipal, trabajadores del ayuntamiento y miembros de la autodefensa de San Miguel Totolapan, solicitaron el resguardo de personal del Ejército Mexicano para ingresar al pueblo y realizar un trabajo de limpieza, por las complicaciones sanitarias que ahí se reportaban.

Con palas, picos, escobas e insumos de limpieza, entre ellos como cal y cloro, los participantes de la brigada se internaron en calles y viviendas.

Un penetrante olor a podrido recibió a militares, pobladores, trabajadores del municipio y autodefensas.

Se toparon con vacas y cerdos muertos, algunos perros aprovechaban la carroña para saciar un hambre contenida durante varias semanas.

Mientras el agua permanecía estancada en tanques, tambos y cubetas, los animales que sobrevivían no tenían manera de acceder a ella, la sed es otra causa de la mortandad.   

Los brigadistas se dieron a la tarea de recoger los restos de los animales, cavaron una fosa y les prendieron fuego, con la intención de disminuir el riesgo de que surjan enfermedades provocadas por la putrefacción.

En varias de las viviendas, los brigadistas encontraron motocicletas y vehículos, principalmente camionetas robadas.

En algunas unidades se recuperaron varias credenciales de elector, no se sabe si pertenecieron a las víctimas de los secuestro que constantemente cometían “Los Tequileros” o si se trata de las identificaciones de algunos integrantes de la banda.

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