Para no dejar huella de sus atrocidades

La delincuencia organizada comenzó un proceso de especialización en la desaparición y destrucción de cadáveres para imposibilitar su identificación, advirtió el doctor Juan Carlos Tercero Aley, antropólogo físico, perito en antropología forense y subdirector de Servicios Periciales en el estado de Colima.

Entrevistado en Chilpancingo durante el simposio Derechos Humanos y la Defensa de los Derechos Sociales, reconoció que los peritos en identificación humana están «luchando» contra la especialización de la delincuencia organizada.

«Los criminales ya se dieron cuenta que quitándole los dientes a los cuerpos, el odontólogo ya no podrá trabajar en su identificación; que si le quitan las huellas dactilares, el dactiloscopista ya no podrá actuar; que si degradan el tejido y el hueso, el genetista no tendrá posibilidad. Entonces lo más que podremos determinar es que se trata de restos humanos, pero no podremos llegar a otro nivel de identificación», explicó.

Tercero Aley recordó el caso de Santiago Meza López, alias El Pozolero, quien disolvió los cuerpos de 300 personas en sosa cáustica hasta hacerlos desaparecer, a petición del cártel de los Arellano Félix, en Tijuana.

Esa práctica, según el especialista, se ha extendido en varios estados de la República porque «a una persona pozoleada ya no hay posibilidad de identificarla».

A la especialización de los grupos criminales en desaparecer cadáveres, se suma la falta de profesionales en identificación humana.

«Todos los días, por desgracia, desaparecen personas con vida y aparecen cadáveres. Los gobiernos están haciendo un esfuerzo, el gran problema es que no hay profesionales para identificarlos. Yo soy uno de los cinco antropólogos que hay en el país», expuso.

Ante la carencia de peritos en identificación humana, indicó que la Odontología está entrando al quite en esta labor. Sin embargo, advirtió que «por cuestiones de perfil académico» esta especialidad «se está quedando corta».

«El gran problema», señaló Tercero Aley, «es humano». «No hay personas que se interesen en las ciencias forenses».

De acuerdo con el antropólogo físico, esta carencia de profesionales ha provocado que los trabajos de identificación y la entrega de cadáveres sean lentos.

Pero la especialización de los grupos criminales y la falta de especialistas no son los únicos obstáculos que dificultan la labor de identificación de cuerpos.

El también subdirector de Servicios Periciales en el estado de Colima destacó que existen limitantes económicas y dificultad de acceso a zonas apartadas donde, dijo, las personas son secuestradas, asesinadas «y ahí quedan muertos».

«Es lo mismo para todos los estados, la gente desaparece, se muere y no se sabe más», expresó.

Por ello, consideró que los aproximadamente 500 cadáveres que hay distribuidos en las tres agencias del Servicio Médico Forense (Semefo) de Guerrero no son los únicos cuerpos sin identificar que hay en la entidad.

«500 se me hace muy poco. Esos son los que reportan nada más, pero imaginen a todos los que no están reportados y que aún no han encontrado», comentó. 

Sobre la búsqueda de fosas clandestinas, reconoció que «el trabajo es lento» y se ve limitado por el horario, ya que se requiere de luz natural para recuperar los restos. 

Además, dijo, «hay muchos otros factores» que complican la localización y rescate de cuerpos en fosas clandestinas. 

«Falta presupuesto, profesionistas, condiciones políticas y de seguridad. Los grupos delincuenciales no quiere que se identifiquen (los cuerpos de las víctimas). Ellos ponen muchas trabas, desaparecen a los profesionales, calcina los cadáveres de sus víctimas o simplemente se enfrentan con la policía. Entonces la policía ya no puede resguardar esas zonas de fosas clandestinas», detalló. 

 

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