Durante casi 12 horas, el proceso de identificación y entrega de los cadáveres

Familiares de los cinco artesanos desaparecidos, asesinados y desmembrados en la cabecera municipal de Chilapa, esperaron casi de doce horas en las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo) de Chilpancingo, para que las autoridades estuvieran en condiciones de entregar los cadáveres de sus seres queridos.

Una vez concluido el proceso regresaron hacia Coloxlita, municipio de Acultzingo, en el estado de Veracruz, de donde salieron para buscar el sustento de sus familias por medio del comercio.

Quienes solicitaron la entrega de los cadáveres, fueron

hombres y mujeres de indumentaria sencilla, de rasgos indígenas y de mirada cautelosa.

Llagaron a las instalaciones del Semefi poco antes de las 09:00 horas del viernes 2 de febrero, a bordo de una camioneta propiedad del DIF de Acultzingo.

Sin titubear se presentaron ante los encargados del forense para solicitar que se les permitiera observar de manera directa, los cadáveres que el pasado martes fueron trasladados desde la cabecera municipal de Chilapa, lugar en el que fueron encontrados desmembrados y distribuidos en 15 bolsas de plástico.

No sabían nada de la guerra entre “Rojos” y “Ardillos”

Antes de que el titular de la Fiscalía General del Estado (FGE) declarara en Acapulco que el asesinato múltiple es responsabilidad de los “Ardillos”, grupo delictivo que disputa a “Los Rojos” el control de Chilapa, los familiares señalaron de manera escueta que sus víctimas no tenían ninguna relación con dicha pugna.

 “No sabemos nada de eso, apenas sí hablamos español”, dijo uno de los varones que tomaron parte del grupo de deudos.

Lo que enfatizaron, fue el hecho de que salieron de Veracruz con la intención de vender en Chilapa los muebles que elaboran de manera artesanal.

El movimiento hacia esta entidad, se debe a que no pueden colocar la mercancía en su tierra natal, pues allá casi todos sus vecinos se dedican a la misma actividad, razón por la que están obligados a buscar mercado en otras partes del país.

Larga y penosa espera

Para llegar a Chilpancingo, los familiares de los cinco artesanos viajaron durante 12 horas, casi el mismo tiempo en que se demoró el proceso de identificación y reclamación.

Comprobar que se trataba de sus seres queridos no les llevó mucho tiempo, pues desde la jornada del 30 de enero, cuando se confirmó el hallazgo de siete cabezas humanas en las inmediaciones del río El Ajolotero de Chilapa, tuvieron acceso a las fotografías que circulaban en redes sociales y encontraron muchos rasgos en común con sus seres queridos.

De esa manera buscaron el apoyo de su gobierno municipal para hacer el viaje, una vez que tuvieron a la vista los cuerpos despejaron cualquier duda, por lo que hicieron la reclamación de manera oficial.

De primera instancia, se les dijo que esperarían por lo menos un mes, ya que debían aportar muestras de ADN y esperar a que se realizaran las confrontas con los cuerpos encontrados, a lo que se negaron bajo el argumento de que ya tenían la certeza plena de quienes eran sus familiares.

Vino entonces la etapa de rendir las declaraciones ministeriales, aportar datos de las víctimas, explicar a que se dedicaban y recordar las circunstancias en que llegaron a Chilapa.

Insistieron en el hecho de que llegaron con la intención de vender sus muebles, para de esa manera generar recursos que serian el sustento de sus familias.

Mientras encaraban el proceso de reclamación, pasando unas horas en el forense y otras en instalaciones de la Fiscalía General de Chilpancingo, el titular de la dependencia, Javier Olea Peláez ofreció una rueda de prensa en Acapulco.

Olea Peláez informó entre otras cosas, que a los cinco comerciantes los mataron integrantes de la banda de Los Ardillos, quienes se disputan el control del corredor que va hacia Chilpancingo con otro grupo criminal.  

Los familiares sostienen que Gonzalo, Daniel, Aurelio, Roberto  y Abel, eran completamente ajenos a dicha guerra entre bandas.

Viajaban en “La Princesa”

La princesa es una vieja camioneta Chevrolet de tres toneladas y color gris, su redila estaba cubierta por una lona azul, en la retaguardia viajaba amarrado un diablito pintado solo con anticorrosivo, el cual era acompañado por una escoba color azul.

Las placas de la unidad son SH-48-968 del estado de Puebla, en tanto que sobre la puerta del copiloto se observa solo la parte inferior de una vieja calcomanía, en ela que se hace alusión a una organización a la que probablemente pertenecían los artesanos.

En dicha calcomanía se observa un mapa de la Republica Mexicana, en el lado izquierdo hay una leyenda que invoca el artículo 5 de la Constitución General de la República: “A ninguna persona se le podrá impedir que ejerza su profesión, ya sea dentro del sector industrial, comercial o cualquier trabajo digno, siendo lícito, nadie puede ser privado del producto de su trabajo sino por resolución judicial”.

Aunque algunos de los familiares ofrecieron dar algunas declaraciones a los medios que aguantaron casi toda la jornada de espera, al final optaron por el sigilo.

Salieron de Chilpancingo entrada la noche, en una caravana encabezada por la unidad oficial que los trasladó desde su natal Veracruz, a la que se sumaron las unidades con los féretros de sus hijos, hermanos y esposos.

  

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